El asombroso enigma de las lámparas de luz eterna

En este programa vamos a ver uno de los misterios más increíbles de la historia de la humanidad: los hallazgos más imposibles que se han encontrado a lo largo de los siglos al respecto de lámparas y dispositivos de luz imposible construidos con tecnología que no podía corresponderse con su tiempo y que han quedado ocultos bajo un manto de conspiración por todos los historiadores y químicos del mundo.

En todos los continentes se han llegado a encontrar muestras que, a día de hoy, siguen provocando asombro a los químicos e ingenieros de medio mundo por su complejidad y sobre todo, por la nula posibilidad de que nadie fuera capaz de construir nada igual con los materiales de los que se disponían y sin embargo, siguen apareciendo lámparas que alumbraron templos para fascinantes civilizaciones que también tienen otros detalles imposibles de explicar en otras áreas de la ciencia.

Haremos un amplio recorrido por todo lo que se ha encontrado hasta la fecha en este enigma y sobre todo, nos preguntaremos lo siguiente: ¿por qué el hombre sigue evitando estudiar más a fondo lo que la química evidencia continuamente con estas lámparas? ¿Y fueron los atlantes los fundadores o, al menos estuvieron relacionados, con el antiguo Egipto?

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Julio Verne tenía razón: confirman un océano en el interior de la tierra

¿Seria posible que un mineral de la tierra nos estuviese dando la clave para demostrar la existencia de un mundo interior en donde existiese una inmensa cantidad de agua capaz de albergar a una civilización entera?
No te pierdas el increíble hallazgo de un diamante con una concentración inusual de olivino que refrendaría la hipótesis de un mar en el interior de la tierra…

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¿Eran los dioses antiguos de Atenas extraterrestres vengativos?

Los diferentes compendios mitológicos de todo el mundo están plagados de criaturas que manifiestan la asombrosa habilidad del cambio de forma. Frecuentemente los seres capaces de tal habilidad son los mismos dioses que exhiben esta útil capacidad ante la humanidad sin pudor alguno.

Concretamente las historias de la mitología griega exponen este tipo de relatos en los que los dioses cambian de forma de manera natural utilizando este medio para alcanzar algún deseo que frecuentemente es el de satisfacer su lujuria, pero son también muchas las ocasiones en las que se describe a las fácilmente irritables deidades no transformándose a sí mismas sino a seres humanos.

En la antigua Grecia los dioses convertían a los hombres por varios motivos que normalmente eran de carácter punitivo por alguna grave acción. Esta fue la suerte que corrieron Licaón y sus hijos. Según el mito, Licaón, rey de Arcadia, pervirtió su reino realizando sacrificios humanos por lo que Zeus se internó en su palacio disfrazado de peregrino, no porque la acción en sí fuera de mala naturaleza ya que a los dioses les agradaban los sacrificios, sino porque el rey no respetaba la considerada sagrada ley de la hospitalidad dando muerte a todo extranjero que se internara en su reino. Siguiendo esta costumbre el monarca se disponía a hacer lo mismo con el peregrino pero sospechó de su naturaleza divina y quiso cerciorarse primero. Así dispuso camuflar la carne humana de uno de sus sacrificios entre la cena del dios que lleno de furia transformó a Licaón en lobo y dio pie a los sucesivos mitos acerca de la licantropía.

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Grabado que retrata el momento en el que Licaón es convertido en lobo.

Sus hijos corrieron la misma suerte ya que asesinaron a uno de sus hermanos de nombre Níctimo. Su crueldad era famosa y Zeus quiso comprobarlo de primera mano. Esta vez se internó en el palacio vestido de vagabundo y los príncipes le sirvieron como cena las entrañas de su recién fenecido hermano y ganando con ello que el dios dispusiera que corrieran la misma suerte que su progenitor.

El célebre cazador Acteón tuvo la desventura de que, habiéndose internado en el bosque, se encontrara con la diosa de la caza Artemisa dándose un baño. Fascinado por la belleza de la casta diosa se quedó petrificado sin poder dejar de mirarla hasta que ella se percató que estaba siendo observada. Así lo expone Ovidio en su ‘’Metamorfosis’’:

«El color que suelen tener las nubes cuando las hiere el sol de frente, o la aurora arrebolada, es el que tenía Diana al sentirse vista sin ropa. Aunque a su alrededor se apiñaba la multitud de sus compañeras, todavía se apartó ella a un lado, volvió atrás la cabeza, y como hubiera querido tener a mano sus flechas, echó mano a lo que tenía, el agua, regó con ella el rostro del hombre, y derramando sobre sus cabellos el líquido vengador, pronunció además estas palabras que anunciaban la inminente catástrofe: Ahora te está permitido contar que me has visto desnuda, si es que puedes contarlo»

La terrible suerte que estableció la avergonzada diosa para el pobre cazador fue la de convertirlo en ciervo pero no contenta con tal castigo para la que sentía tan grave ofensa, llamó a los perros de caza de Acteón que lo devoraron vivo.

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»Diana y Acteón» – Tiziano

El caso de la hechicera Circe también es notorio en este aspecto ya que la señora de la isla de Eea era bien conocida por transformar a sus enemigos en diferentes bestias mediante el uso de la magia y las pociones ya que contaba con vastos conocimientos en estos campos.

Homero describe en ‘’la Odisea’’ que la maga residía en un palacio situado en un claro del bosque de su isla que estaba circundado por numerosos leones y lobos que aunque parecían fieros eran realmente mansos y que en otro tiempo habían sido seres humanos que habían tenido la fatalidad de cruzarse en el camino de la hechicera. En su largo retorno a Ítaca Ulises fue a parar a la isla de Circe en donde hizo desembarcar a la mitad de su tripulación. Estos hombres encontraron a la hechicera que les invitó a un banquete y veladamente mezcló las delicias que se sirvieron con una de sus pócimas. Así transformó a los marineros en cerdos excepto al más sagaz del grupo que sospechó el engaño y pudo avisar a su capitán que finalmente consiguió con la ayuda de Hermes, que le proporcionó una planta que actuaba como antídoto, protegerse de Circe y obligar a la maga a devolver a sus hombres a su forma humana.

Circe también fue la responsable de la transformación de la otrora hermosa ninfa Escila en un terrible monstruo marino con torso de mujer, cola de pez y varias cabezas con tres hileras de dientes cada una. Monstruo que también se encontró Ulises en su viaje.

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El gran conocimiento mágico de Circe le permitía transformar a seres humanos en animales.

Según relata Ovidio, Circe estaba enamorada del dios Glauco pero este había quedado prendado de la belleza de Escila que no mostraba ningún interés en su pretendiente. El dios se volvió hacia Circe en busca de ayuda pretendiendo que le suministrara una poción de amor pero ésta intentó, sin suerte, seducirle. Al no ser correspondida entró en cólera y se vengó contra Escila, preparando la poción que convertiría a la ninfa en una bestia y que le fue suministrada por su pretendiente.

Una suerte similar corrió la compañera de Escila, Caribdis. Una ninfa hija de Poseidón y de Gea que en una ocasión inundó la tierra para ampliar los dominios de los reinos acuáticos lo que desató la ira de Zeus que la convirtió en un enorme monstruo marino que tragaba una desproporcionada cantidad de agua tres veces al día para después escupirla, creando insalvables remolinos en el océano a los que tuvieron que enfrentarse Ulises y los argonautas en sus viajes.

Los dioses griegos acostumbraban a impartir castigos de forma desproporcionada pero también aparecen en esta mitología casos en los que los cambios de cuerpo se dan de forma compensatoria. Este es el caso de la joven Cenis que fue secuestrada y violada por Poseidón, pero que a su vez le prometió que le concedería cualquier deseo como pago por la deuda, con la que satisfacer su desconsuelo. El deseo que pidió la doliente muchacha fue que el dios la transformara en un hombre, deseo que el dios cumplió cambiando su género y otorgándole asimismo el don de la invulnerabilidad. De este modo, el recién convertido en hombre, adquirió el nombre de Céneo y se unió a Jasón y sus argonautas.

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»Pigmalión y Galatea» – Lagrenee

También existe alguna mención en la que algún dios hace uso de la compasión y apiadándose de algún pobre mortal utiliza sus poderes para acabar con su pena. Un ejemplo es el caso de Pigmalión un escultor chipriota que talló una mujer en marfil de tal belleza que quedó irremediablemente prendado de la estatua. Suplicó ayuda a la diosa Afrodita y ésta se compadeció insuflando vida en la inerte figura con el nombre de Galatea.

Ovidio relata el momento en el que Pigmalión descubre que la estatua está cobrando vida:

‘’Pigmalión se llena de un gran gozo mezclado de temor, creyendo que se engañaba. Volvió a tocar la estatua otra vez y se cercioró de que era un cuerpo flexible y que las venas daban sus pulsaciones al explorarlas con los dedos. ’’

Sorprendente era el poder de los dioses griegos que no sólo tenían la capacidad para cambiar su forma sino que, en varias ocasiones y a causa de su irascible personalidad, disponían de sus habilidades para cambiar la forma de las personas con sus tormentosos castigos; y que también eran tan hábiles como para infundir vida en objetos inanimados. ¿De qué otras maravillas eran capaces?

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¿Podían los antiguos dioses resucitar a los seres humanos?

La línea que separa la vida de la muerte se ha visto extendida a través del paso del tiempo y del progreso en el conocimiento sobre el cuerpo, el entendimiento sobre las leyes físicas y el avance en los medios tecnológicos de modo que ahora la humanidad es capaz de salvar obstáculos que tiempo atrás eran imposibles.

Hallar la cura para varias enfermedades y establecer ciertos procedimientos de acción inmediata en algunos casos han conseguido traer de vuelta a personas que hubieran permanecido algunos segundos clínicamente muertas. Y esto es precisamente lo que parecen describir algunos relatos de la antigüedad que hablan sobre el fenecimiento de algún dios y de cómo el resto de sus congéneres buscan su cuerpo incansablemente para, haciendo uso de su magia-tecnología, traerlo de nuevo a la vida.

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La diosa Inanna entre ambos mundos. Las figuras que se encuentran en parte superior representan a los vivos y en la parte inferior aparece el inframundo.

Así, en el relato sumerio sobre el descenso de Inanna al mundo de los muertos se describe como esta diosa del amor y la fertilidad, que posteriormente en Babilonia se conocería con el nombre de Ishtar, combate con su hermana la regente del inframundo, Ereshkigal, con intención de arrebatarle el trono y acaba falleciendo bajo ‘’los ojos de la muerte’’, un arma de Ereshkigal. Pasan tres días y tres noches hasta que Enki, enviando a dos seres que él mismo creó para la ocasión que no necesitaban comer ni beber, eran asexuados y no corría sangre por sus venas (parece la descripción de un autómata), consigue engañar a la señora de los muertos para que hiciera entrega del cuerpo de Inanna a estos dos seres que además, eran inmunes a los temibles ojos de la muerte de esta diosa, y procedieron entonces a rociar con ‘’el agua de la vida’’ y ‘’el alimento de la vida’’ que Enki les había otorgado y la diosa resucitó.

Otro dios que muere debido a un viaje a los infiernos es el Ugarita Baal, aunque los textos recuperados están fragmentados con la consecuente falta de información, la narración en ellos encontrada refiere que este dios de las tormentas, con poder sobre los rayos y el viento de algunos de los primeros pueblos semíticos, descendió al inframundo para atender a una invitación del dios de la muerte Mot. No se menciona cómo pero Baal fenece y el resto de dioses buscan su cuerpo que finalmente encuentran enterrado y lo resucitan.

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Relieve que muestra al dios Baal con un casco con cuernos.

Los dioses del antiguo Egipto manifiestan asimismo el dominio de esta capacidad en una de sus leyendas. En el mito de la muerte de Osiris se relata como éste muere a manos de su hermano Set para hacerse con el derecho de sucesión al trono de forma que lo engañó para encerrarle en un arcón y arrojarlo al mar donde se ahogó.

Isis, la esposa de Osiris, buscó a su marido con desesperación hasta dar con él en una playa. Así llevó su cuerpo ante el dios de la sabiduría Thot para que pudiera resucitarle, sin embargo llegaron a los oídos de Set las intenciones del resto de dioses y antes de que pudieran aplicar sus artes sobre el cadáver de Osiris su hermanastro se hizo con el cuerpo que desmembró en 14 pedazos tratando de impedir que su enemigo volviera a la vida.

Desolada, la diosa Isis no se rindió, y los dioses debían de poseer una tecnología que les permitiera traer un cuerpo a la vida aún desembrado pues con gran avidez buscó hasta dar con todos los pedazos del cuerpo de su consorte a excepción del falo. Con la ayuda del eminente Thot, ambos recompusieron el cuerpo de Osiris y lo momificaron, resucitó y se instauró como regente del otro mundo, pero antes Isis y Thot consiguieron extraer la esencia de su cuerpo para que su esposa quedara encinta y así, posteriormente nacería el dios Horus que se ocuparía de vengar la muerte de su padre.

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Set sobre el sarcófago de Osiris.

Pero para que este acontecimiento pudiera tener lugar su madre tuvo que ocultar al joven Horus, cuyo nacimiento había mantenido en secreto, en una región pantanosa fuera de los ojos de Set ya que un hijo de su rival Osiris hubiera sido un oponente legítimo al trono. Set pretendió forzar a Isis en contra de su voluntad engañándola para que acudiera a sus estancias y dejarla encinta pues un hijo de ambos le hubiera otorgado mayor legitimidad en su gobierno y hubiera sido un heredero contra el que nadie se hubiera podido oponer siguiendo las leyes de sucesión por las que se regían los dioses.

Isis consiguió escapar del despiadado Set pero al volver al lado de su hijo se lo encontró muerto debido a la picadura de un escorpión. Invocó desconsolada a Thot que se apresuró a bajar desde el ‘’barco del disco celestial’’ y aplicó sus artes sobre el joven devolviéndole a la vida.

Pero las habilidades médicas del sabio Thot no se limitaban únicamente a traer a los muertos a la vida si ciertos requisitos se cumplían, sino que disponía de unos conocimientos (y una tecnología) capaces de realizar operaciones de extrema dificultad como la de resucitar a un dios que había sido decapitado.

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Thot asistiendo a Isis y a Horus.

Cuando la venganza de Horus está próxima a concluir y Set capturado junto con sus tenientes y altos cargos militares después de incontables batallas, los presos fueron llevados ante la presencia del supremo Ra, encargado de administrar juicio, y éste puso el sino de los cautivos en manos de los damnificados Isis y Horus que decidieron decapitar a sus enemigos.

Así, uno a uno, Horus fue cortando la cabeza de sus enemigos pero cuando le llegó turno a Set,  la cabeza que había urdido todos los sufrimientos que él y su madre habían experimentado, la propia Isis se compadeció ya que Set era su hermano e impidió a su hijo que acabara con su vida. Horus, enajenado, dirigió su espada contra su madre y acabó decapitándola a ella.

Afortunadamente Thot se encontraba presente y con gran presteza hizo uso de sus conocimientos recomponiendo el cuerpo de la diosa (y realizando una operación de extremada complicación como la de unir una cabeza a un cuerpo) y le devolvió la vida.

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¿Cuáles eran los conocimientos secretos que dominaba el dios Thot?

Similar es el mito griego sobre la muerte y resurrección de Dionisio, un dios resultante de la unión entre Zeus y la humana Semele en una de sus muchas aventuras a espaldas de su mujer la diosa Hera que, al enterarse, se llenó de furia y mandó a los titanes contra la criatura. Éstos la desmembraron y estaban ingiriéndola cuando Zeus tuvo noticias de lo que estaba sucediendo y lanzó sus rayos contra ellos que acabaron reducidos a polvo. La abuela de Dionisio, Rea, consiguió hacerse con las partes del muchacho a las que no tuvieron tiempo de dar fin los titanes, entre ellas el corazón, recompuso su cuerpo y le devolvió la vida.

Otro semidiós relacionado con la resurrección en la mitología griega fue Asclepio, hijo de Apolo y de una humana al que una serpiente instruyó en las artes médicas y en cierto conocimiento secreto que hicieron del aprendiz el mejor sanador divino, siendo capaz de evitar la muerte y de resucitar a los muertos. Sin embargo la vida de Asclepio acabó a manos del propio Zeus, según algunos  relatos por comenzar a aceptar dinero en pago por las resurrecciones que llevaba a cabo y, según otras versiones, porque estaba desequilibrando las fuerzas que rigen la vida y la muerte. Según el mito más tarde fue resucitado por el regente del Olimpo con la condición de que no pudiera resucitar a nadie sin su previa aprobación.

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Estatua de Asclepio con su vara en la que a diferencia del famoso caduceo, sólo se enrosca una serpiente.

Estos son sólo algunos ejemplos de la gran cantidad de resurrecciones que tienen lugar en la mitología. Esos dioses, tal vez los mismos con diferentes nombres, que llegaron del cielo y maravillaron a los antiguos hombres eran capaces de realizar portentos tales como el de resucitar a alguien que había muerto. Tal vez no desarrollaron únicamente la tecnología que les permitió llegar hasta el planeta sino que avanzaron su conocimiento tecnológico en varios campos, entre ellos el de la biomedicina. Quizás esta sea la razón por la que en los relatos, cuando un dios muere, algún otro dios busca desesperada y ávidamente su cuerpo pues, de no haber pasado muchos días, era posible restablecerlo.

¿Qué era el agua de la vida de Enki que permitió resucitar a Inanna?, ¿Cómo consiguieron el resto de dioses resucitar a Baal? o ¿qué avanzados conocimientos poseía Thot que le permitía resucitar a los muertos y volver a implantar una cabeza en su cuerpo? Son preguntas cuya respuesta se encuentra muy lejana pero que tal vez  algún día la humanidad sea capaz, no sólo de dar respuesta, sino de materializar las mismas artes que nuestros propios antepasados presenciaron en los albores de los tiempos.

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¿Hubo robots en el pasado?

Numerosos indicios apuntan a la posibilidad de que se hubiera utilizado tecnología avanzada en el pasado. Desde maravillosas construcciones cuya creación se data en el neolítico al descubrimiento de diferentes ooparts, objetos cuya tecnología o mecanismos no se corresponden al conocimiento o desarrollo de la época en la que se circunscriben o las fantásticas descripciones en numerosos textos antiguos de sorprendentes objetos e incluso armamento cuya tecnología pareciera ser superior a la de que disponemos hoy en día.

En algunos de estos textos aparecen misteriosos y gráciles objetos voladores, pertenecientes a esos dioses de sobrehumano poder, pero también se detalla la existencia de ciudades voladoras, armas con las que se crea inmensa destrucción y diversos objetos capaces de tales maravillas. Es posible que antiguamente se atribuyera la razón de tales capacidades a la naturaleza mágica de los dioses y por ende de los mismos objetos, pero que volviendo a mirar hacia atrás con los conocimientos y desarrollo de la actualidad se identificaran más acertadamente como la consecuencia y representación de una avanzada tecnología en lugar de como la manifestación de ciertas facultades mágicas.

Repasando la historia, las leyendas y los textos de la historia antigua, se podría llegar a pensar que no fue la propia humanidad la primera en hacer uso de ciertas tecnologías, como la robótica, sobre el planeta. ¿Y si hubiera habido robots en la antigüedad? Un sugerente ejemplo de la anterior enunciación puede encontrarse en un mito griego referido a la isla de Creta según el cual, la ciudad allí emplazada, por aquel entonces desprovista de muralla, estuvo protegida por un gigante de bronce llamado Talos que era capaz de lanzar fuego y patrullaba la isla protegiéndola de la entrada de intrusos y posibles ataques.

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Un gigante hecho de metal aparece en un mito griego sobre la isla de Creta.

Con un guardián de estas características tal vez los habitantes de la Creta minoica no hubieran tenido la necesidad de construir murallas para protegerse como el resto de la beligerante humanidad acostumbraba a hacer en esas épocas.

Este coloso metálico fue una creación del propio Zeus y regalo para Europa a la que había raptado para seducirla, destinado a protegerla a ella y a sus hijos. Según otras versiones el origen de Talos se hallaría en el dios de la forja griego Hefesto que sería, en este caso, el responsable directo de su creación aunque siguiendo órdenes de Zeus para ser cedido al rey Minos. En cualquiera de las dos versiones, sin embargo, se hace claro que Talos no era un ser humano sino un autómata creado por los propios dioses.

Atendiendo a las descripciones, este reluciente gigante era de bronce y de su cuello partía una única vena o conducto que llegaba hasta uno de sus tobillos. Según se relata, por dicho estrecho conducto circulaba su ‘’sangre’’ o líquido encargado de sus soporte vital y un clavo (o especie de mecanismo) se emplazaba en el final del conducto para impedir que el líquido se vertiera y Talos se ‘’desangrase’’.

El guardián del pueblo minoico patrullaba incansablemente la isla que rodeaba tres veces al día pero debido al tamaño de la isla, rodearla a pie no menos que tres veces al día supondría un esfuerzo sobrehumano, si bien no parecía representar esfuerzo tal para un gigante que en cuyas representaciones en el arte plástico suele aparecer, curiosamente, con alas. En la imagen de Talos grabada en varias monedas encontradas en la Creta aparece como un joven desnudo con alas, aunque en algunas pinturas se le representa sin ellas.

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En algunas representaciones Talos aparece con alas.

‘’Él era de la existencia del bronce (…) el último que quedaba de entre los hijos de los dioses y el hijo que Cronos le dio a Europa para ser el guardián de Creta y para caminar con largos pasos alrededor de la isla tres veces al día con sus pies de bronce. Ahora, en todo el resto de su cuerpo y entrañas estaba revestido de bronce y era invulnerable; pero bajo el tendón de su tobillo se emplazaba una vena rojo sangre y ésta, con sus asuntos de vida y muerte, estaba recubierta de fina piel’’.

Argonáutica IV (1638-1653)

Pero guardar la isla de posibles invasores no era su única labor, se narra asimismo que también se le había encomendado el velar por el cumplimiento de las leyes divinas entre los hombres por lo que tres veces al año se desplazaba por todas las poblaciones del lugar portando unas placas metálicas inscritas con tales leyes.

Talos poseía varias y asombrosas facultades, como la impenetrabilidad de su broncíneo cuerpo al que no podían herir ni flechas ni espadas o la capacidad de calentarse hasta ponerse al rojo vivo y calcinar a sus víctimas en este estado. Se dice de esta criatura tan parecida a un robot que disuadía a los barcos enemigos que se atrevían a acercarse a Creta lanzándoles enormes rocas desde tierra y así procedió cuando Jasón y sus argonautas quisieron internarse a desembarcar su famosa nave Argo en la bahía. El fuerte Talos se lo impidió lanzando grandes rocas hacia donde pretendían atracar.

Finalmente, y según relata Apolonio de Rodas en las Argonaúticas, el final le llegó al broncíneo Talos de la mano de la bruja Medea porque el autómata tenía un punto débil que los dioses conocían. El tornillo dorado de su tobillo, que impedía que se vertiera el líquido incoloro que actuaba como soporte vital de la máquina.

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Talos aparece como uno de los enemigos al que deben enfretarse Jasón y sus argonautas.

Medea, una vez que el Argo estuvo a una distancia prudencial de Creta, lanzó varios hechizos contra Talos invocando a diversos espíritus. Uno de ellos, lanzado a los ojos del robot le hizo ver seres imaginarios que en realidad no estaban ahí y, enloquecido, golpeó su punto débil de forma que toda la sangre brotó del talón.

‘’Aunque estada hecho de hierro, sucumbió a la magia (…), cuando se golpeó el tobillo contra una piedra afilada y una savia como plomo fundido surgió de él. No podía mantenerse en pie y cayó, como cae un pino desde la cima de una montaña’’.

Argonática IV (1673-1693)

Antiguos mitos que dibujan a un ser creado por los propios dioses, hecho de metal, que posee increíbles características como la de la visión y localización a largas distancias, enorme fuerza y precisión que se reflejan en el momento de lanzar grandes rocas a los barcos, la capacidad de calentarse al rojo vivo y hacer estallar a las naves en llamas y un punto débil, tal vez pensado por los ingenieros creadores para poder controlar a Talos si se diera la necesidad.

Cuando actualmente se crean historias de ciencia-ficción, éstas se enfocan hacia el futuro, hacia el momento en el que el desarrollo tecnológico de la sociedad haga posibles los portentos que en estos relatos se describen y cualquier referencia puede tener relación con narraciones anteriormente creadas. Los antiguos griegos, al contrario, miraban hacia atrás en el tiempo para narrar sus mitos y resulta muy interesante que no pudieran haber tomado la referencia o reminiscencia de la figura de un robot o un ente autómata para poder describirlo en sus mitos, y sin embargo han resultado ser los creadores de algunos de los mejores relatos de ‘’ciencia-ficción’’ que la humanidad posee.

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¿De dónde pudieron haber sacado los griegos una descripción tan parecida a la de un robot? Foto: Shadow of the Colossus, SCE

Tal vez no estuvieran imaginando de la nada sino refiriendo lo que presenciaron, o quizás los poetas griegos engalanaron las historias que los dioses ya traían con ellos cuando llegaron y que transmitieron a los antiguos hombres.

Por supuesto, cualquier historia que pasa de boca en boca se ve modificada y ensalzada en su recorrido pero siempre comienza por una referencia real. Por lo menos los griegos estaban convencidos de que sus mitos eran reales y se correspondían con acontecimientos que habían tenido lugar mucho tiempo atrás.

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¿Eran extraterrestres los dioses del olimpo?

En los relatos mitológicos frecuentemente dioses y demás seres de naturaleza sobrenatural demuestran ser poseedores de objetos mágicos y capacidades sobrehumanas que les permiten realizar proezas que el hombre sólo puede imaginar.

Uno de estos portentosos talentos de los que se hace gala en las mitologías más antiguas es la capacidad para cambiar de forma. Y es que la idea de que una entidad pueda adoptar el aspecto de una persona o de un animal a voluntad viene acompañando a la humanidad desde sus relatos más tempranos y se manifiesta sin distinción en el folklore de varias naciones por todo el mundo. Resulta interesante que casi todas las culturas del planeta cuenten con algún mito relacionado con este tipo de transformaciones.

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»Leda y el cisne» – Copia atribuida a un discípulo de Da Vinci

Constantemente aparecen en este tipo de relatos seres con la habilidad de cambiar de forma según deseen. Tal es el caso del ‘’polimorfo’’ Zeus, del que se relata que descendió del monte Olimpo convertido en un cisne blanco para seducir a Leda la esposa del rey espartano Tíndaro. Este dios acostumbraba a tomar la forma de diversos animales para seducir a varias mujeres humanas de las que había quedado prendado. En el famoso mito del rapto de Europa se transforma en un toro blanco y rapta a Europa que recogía flores cerca de la playa y que inocentemente, al ver que el toro era manso, se subió a su lomo; entonces Zeus se adentró en la mar y llevó a la chica hasta Creta.

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»El rapto de Europa» – Marten de Vos

Las manifestaciones zoomorfas de este lujurioso dios en su mayoría tenían la motivación de seducir o secuestrar al que en ese momento fuera el objeto de sus pasiones. Cuando Zeus se encaprichó del bello príncipe troyano Ganímedes, adoptó la forma de un águila, raptó al príncipe y lo llevó al Olimpo, lugar en donde lo convirtió en su amante.

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»Ganymede» – Gabriel Ferrier

Este dios no sólo tomaba la forma de animales sino que también hacía lo propio con seres mitológicos; así para conseguir acercarse a la hermosa Antíope, se transformó en un sátiro, la poseyó y la dejó encinta. La joven tuvo que enfrentarse a la cólera de su progenitor quién no podía creer que el padre de sus futuros nietos fuese la cabeza del Olimpo. Para poder darle el consejo de que lo más prudente en esa situación sería la huida, Zeus se presentó ante Antíope en la forma de una lechuza.

Y para seducir a Maya, la mayor de las Pléyades, hijas del titán Atlas, el dios se transformó en una ardilla y de esta unión nació el dios Hermes. También pasó largo tiempo espiando a una de sus sacerdotisas, de nombre Semele, con la forma de un águila hasta que consiguió su objetivo despertando la ira de Hera cuando ésta descubrió a la sacerdotisa en estado de buena esperanza. De esta relación nacería Dionisio.

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»Jupiter y Antíope» – Jean Baptiste Marie Pierre

Pero el lascivo Zeus no se transformaba únicamente en seres biológicos, para poder tomar a Danae, la hija del rey de Argos que había sido encerrada por su padre debido a una predicción del oráculo de que sería el hijo de su hija quien acabaría con su vida, Zeus cayó sobre Danae en forma de lluvia dorada dejándola encinta. De esta unión nacería el héroe Perseo.

La habilidad del rey del Olimpo para tomar cualquier forma era portentosa y así lo demuestra en el mito de Calisto, una de las bellas siervas de la diosa de la caza Artemisa que, para poder entrar a su servicio, había hecho voto de castidad. Al rey de los dioses no le importó en absoluto la pura promesa de la muchacha y estaba demostrado que cuando se encaprichaba de alguien no escatimaba en medios para conseguir su objetivo. De este modo se transfiguró, adquirió la forma de la propia diosa Artemisa y se acercó a Calisto que resultó encinta. Por miedo a que este hecho no llegara a conocimiento de su celosa esposa Hera, Zeus tomó la resolución de transformar a Calisto en Osa.

El señor del Olimpo también tomaba la forma de personas, para la relación que dio nacimiento al héroe Heracles el dios se presentó ante su madre Alcmena con la forma de su esposo Anfitrión.

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»Danae» – Gustav Klimt

Pero antes de verse envuelto en todas las extravagantes historias de infidelidades a su esposa Hera, tuvo que conquistar a la diosa, trató largo tiempo de cortejarla y persuadirla sin éxito por lo que resolvió transformarse en un cuco y acercarse a ella que se apiadó del pajarillo y trató de calentarlo, en ese momento Zeus se desprendió de su disfraz y violó a su futura esposa a la que, por vergüenza, no le quedó otra solución que desposar a quién había arrebatado su virginidad.

El rey de los dioses poseía una total maestría en el arte del cambio de forma y así lo demostró en reiteradas ocasiones si bien no es el único dios en la mitología griega que cuenta con esta capacidad. Otras criaturas de carácter divino se demuestran maestras de las mismas habilidades. La diosa de la cosecha y la fertilidad de la tierra Deméter, en una ocasión tuvo que transformarse en yegua mientras huía de Poseidón y su afán por poseerla. Trató de ocultarse entre otros caballos pero no pudo esconder su divinidad y el dios del mar adoptó la forma de un semental y cumplió con su objetivo. También Némesis, la diosa de la justicia y el equilibrio se transformó en ganso por un motivo muy parecido al que tenía Deméter: escapar de Zeus. Aunque en este caso, Zeus se convirtió en un cisne logrando hacerse con su presa.

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»Apolo y Daphne» – Gian Lorenzo Bernini

En otras ocasiones, algunas criaturas mitológicas que no contaban con la capacidad del cambio de forma, rogaban a los dioses para que usaran su poder sobre ellos, normalmente para conseguir escapar de algún dios lascivo. El caso más notorio de este tipo es el del mito de la dríade Daphne que para conseguir escapar del cegado Apolo, a quién Eros había disparado una de sus flechas, suplicó ayuda a su padre, el dios del río Ladón que la convirtió en árbol. En la ‘’Metamorfosis’’ de Ovidio se expone asimismo, el caso de Cornix, la hermosa hija del rey Coronaeus de la que quedó prendado el dios Neptuno y comenzó a perseguirla mientras ella gritaba y suplicaba a dioses y hombres por ayuda. Sólo Minerva se apiadó de ella y la convirtió en cuervo para que pudiera escapar.

La lujuria de Poseidón fue el desencadenante del aciago destino que le sobrevino a Medusa. Esta famosa Gorgona de cabello de serpientes fue, antes de convertirse en el horrible monstruo representado en la iconografía plástica, una bella y pretendida doncella que se afanaba en sus labores como sacerdotisa de Atenea. El dios del mar se encaprichó de ella y la violó en el propio templo de la diosa de la sabiduría. Ésta montó en cólera y castigó a la víctima convirtiéndola en un monstruo al que no se podía mirar directamente y al que únicamente la pericia de Perseo consiguió dar muerte.

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»Medusa» – Gian Lorenzo Bernini

La literatura que ilustra la capacidad de los antiguos dioses griegos para cambiar de forma es extensa y detallada y sus motivaciones eran amplias, si bien una muy prominente era la de satisfacer su lujuria. En muchos casos, no tenían la pretensión de hacer justicia alguna sino simplemente la de complacer sus propios deseos. ¿Son absolutamente todos estos relatos invenciones de la magnífica creatividad humana o encierran algo de verdad? ¿Podían los dioses cambiar de forma?

Concluimos con la invocación con la que Ovidio comienza a narrar la ‘’Metamorfosis’’:

Me lleva el ánimo a decir las mutadas formas
a nuevos cuerpos: dioses, estas empresas mías -pues vosotros los mutasteis-
aspirad, y, desde el primer origen del cosmos
hasta mis tiempos, perpetuo desarrollad mi poema.

Si te ha gustado el artículo te recomendamos ver estos videoprogramas en donde también analizamos curiosísimos casos de transformaciones relacionados con incidentes ovni. Esperamos que sean de su interés.

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Ciclo gigantes mitológicos III: Los titanes griegos

La figura de una raza de seres de sobredimensionado tamaño existente en la más remota antigüedad es común a una amplia diversidad de tradiciones. Uno de los ejemplos más conocidos de gigantes mitológicos se encuentra en la mitología griega: los titanes.

La palabra empleada para designar a estas criaturas, titán (Τιτάν) viene a designar una persona de tamaño gigantesco y, según los relatos, mucho antes de la existencia de la humanidad, otros seres poblaban el mundo, los más importantes fueron los titanes, que nacieron de la primera pareja que dio a luz a las diferentes criaturas primigenias de esta mitología: Urano y Gea.

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Los titanes fueron los primeros dioses según la mitología griega

La primera raza de dioses, que precedieron a los famosos dioses del Olimpo, fueron, durante mucho tiempo, los dueños del universo. Un total de 12 titanes y titánidas componían la primera generación y, al unirse entre ellos, dieron lugar a una segunda generación.

Su líder era Cronos, el más joven de sus hermanos, que le arrebató el poder a su progenitor. Para ello, fue ayudado por su madre Gea. Cronos castró a su padre con una hoz y consiguió liberar a sus hermanos de su prisión en el Tártaro, donde su padre les había retenido por temor de que se alzaran contra él.

La castración del predecesor es un elemento recurrente en este tipo de mitos en donde el nuevo regente legitima su recién adquirido poder mediante la mutilación de este órgano tan específico de su antecesor en una representación de la suma importancia de la virilidad para gobernar o, en el relato de un acontecimiento real que tuvo lugar y que se ha contado con diferentes nombres entre diferentes pueblos; así, para los hititas, Anu es castrado por Kumani después de haber sido derrotado, el vencedor le arranca su virilidad con sus propios dientes y la ingiere, en la mitología Irania Djemshid sería el derrotado y Azhdahäk quien llevaría a cabo la castración o Varuna para los indios. En el mito egipcio, Seth desmiembra el cuerpo de Osiris. Su mujer, Isis, recupera todas las partes del cuerpo de su difunto marido y las entierra a excepción del órgano reproductor para poder concebir a su hijo Horus quien más tarde castraría a Seth vengando a su padre.

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Los acontecimientos son cíclicos. Urano y Cronos temen ser destronados por sus hijos

En la historia de Cronos, éste, temía compartir el destino de su progenitor por lo que, para prevenir que sus hijos le derrocasen, se los tragaba vivos al nacer. Pero su mujer y hermana Rea consiguió salvar al más joven de sus hijos de acabar en las entrañas de su padre dándole astutamente a su esposo una roca envuelta en pañales en lugar del niño, de este modo, el joven Zeus fue enviado a Creta donde creció en secreto y pudo, ya siendo adulto, enfrentarse a su padre y hacerle vomitar a sus hermanos.

Con este acontecimiento dio comienzo la titanomaquia o guerra entre la nueva generación de dioses, liderados por Zeus, en el monte Olimpo y los titanes, sus antecesores, que ostentaban el poder desde el monte Otris.

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Zeus evitó ser devorado por Cronos gracias a la astucia de su madre

Estas guerras entre dioses o ciertos grupos de carácter divino por el gobierno del mundo también son comunes a varias culturas; aparecen ejemplos en las batallas nórdicas entre los Aesir y los Jotun o las luchas entre Marduk y Tiamat en los textos babilónicos y otras tradiciones semíticas. En la versión védica, los dioses derrotan a los asuras y a su líder Vritrá quien se traga vivo al dios Indra, al que sus compañeros rescatan obligando a su enemigo a vomitar.

Sería fácil pensar que todas estas similitudes se deben a una fuente común indoaria de los mitos pero existen historias muy parecidas al otro lado del Atlántico en las que un dios o varios dioses vencen a otros para hacerse con el poder. En algunos casos, es un monstruo gigantesco que les hostigaba y que actuaría como gigante primordial del que se crearía el mundo como hemos visto con anterioridad, un ejemplo sería el caso del monstruo Cipactli en la mitología azteca.

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Las guerras entre dioses y gigantes son muy comunes en la mitología

En la mayoría de ocasiones los dioses tienen un carácter beligerante y no dudan en hacer la guerra para colocarse en los puestos de poder. En la mitología griega, la guerra contra los titanes se libró durante 10 años hasta que vencieron los dioses olímpicos ayudados por otros seres de grandes proporciones: los hecatónquiros y los gigantes.

Se dispuso encerrar a los titanes en el Tártaro, el espacio más profundo del inframundo. Pero no todos los titanes sufrieron el cautiverio pues no se castigó a aquellos que habían permanecido neutrales durante el conflicto y para algunos se determinó un castigo especial; el titán Atlas sujeta la bóveda celeste por toda la eternidad ya que, debido a la cruenta batalla, ésta había quedado seriamente dañada y amenazaba con desplomarse sobre la tierra.

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Un caso especial es el del titán Prometeo al que Zeus decidió no castigar ya que cambió de bando durante la guerra uniéndose al de los dioses olímpicos pero que más tarde, sí recibió una castigo peculiar por otro motivo: favorecer a la humanidad. En el mito, este titán, que no mostraba temor hacia los dioses, engañó a Zeus de modo que, en el sacrificio de un buey, dividió las porciones del animal en dos partes; por un lado, ocultó la carne y las vísceras en el estómago de la bestia y por otro lado, cubrió los huesos con la grasa que, en tantos otros relatos resulta extremadamente apreciada por los dioses. Zeus, al ver la suculenta grasa, escogió esta parte de la ofrenda y, encolerizado al descubrir el engaño, determinó como castigo que la humanidad no pudiese disponer del fuego por lo cual Prometeo decidió robarlo y entregárselo a los hombres.

Por estos actos, el castigo del titán fue el de permanecer encadenado para que un águila devorase su hígado eternamente ya que el ave comía de día pero el hígado volvía a crecer durante la noche. Resulta interesante que, a día de hoy, sepamos que precisamente el hígado es el único órgano capaz de regenerarse.

Finalmente Prometeo no tuvo que enfrentarse a tal castigo eternamente pues, por fortuna, fue liberado por Heracles.

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Los castigos impuestos por Zeus eran muy imaginativos

No podríamos obviar el paralelismo de este mito con el de los Nefilim bíblicos que también eran gigantes que fueron castigados por favorecer a la humanidad.

Pero los titanes no eran los únicos gigantes presentes en la mitología griega ya que se mencionan varias razas de seres de desproporcionadas dimensiones.

Una de ellas era la de los hecatónquiros, al igual que los titanes, descendientes de Urano y Gea, tenían 100 brazos y 50 cabezas y fueron encerrados por su padre en el Tártaro, después, rescatados por Cronos para obtener su ayuda y poder derrocar a Urano. Cuando esto hubo sucedido, Cronos volvió a encerrarles en el mismo lugar y más tarde volvieron a ser rescatados, esta vez por Zeus, con la misma pretensión que su antecesor y le fueron de gran utilidad en la guerra ya que estos Hecatónquiros arrojaban rocas de 100 en 100 contra sus enemigos. Tras la rebelión, se convirtieron en los guardianes de las puertas del Tártaro, donde los titanes fueron encarcelados por Zeus.

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El Tártaro era una prisión en el más profundo abismo del inframundo griego

Otras de estas criaturas, fueron los gigantes propiamente dichos, que también serían hombres de gran tamaño con serpientes en lugar de piernas en la mayoría de las representaciones que fueron exterminados por los dioses debido a una gran insolencia cometida.

Se caracterizaban, además de por su gran tamaño, por su enorme fuerza. En una ocasión quisieron tratar de destronar a los dioses olímpicos para lo que apilaron varias montañas, unas sobre otras, con la intención de alcanzar el cielo pero fueron derrotados.

Por último, encontramos a los cíclopes, también de sobredimensionadas cualidades y con un solo ojo en mitad de la frente. De nuevo, hijos de Urano y Gea, eran extremadamente refinados en la forja fabricando los rayos de Zeus, el tridente capaz de provocar terremotos de Poseidón y el arco y las flechas de Artemisa entre otros objetos.

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Las referencias a cíclopes también aparecen en varias culturas

De entre las numerosas similitudes entre todos los mitos relacionados con los gigantes habría que destacar la mención constante a que la humanidad no ha sido la primera raza inteligente en habitar el mundo y las incesantes guerras entre los dioses por el dominio del planeta.

« ¡Tanto estruendo se produjo al chocar los dioses en combate! Al mismo tiempo. Los vientos expandían con estrépito la conmoción, el polvo, el trueno, el relámpago y el llameante rayo, armas del poderos Zeus, y llegaban el griterío y el clamor en medio de ambos. Un estrépito impresionante se levantó, de terrible contienda; y saltaba a la vista la violencia de las acciones. Declinó la batalla; pero antes, atacándose mutuamente, luchaban sin cesar a través de violentos combates’’.

Teogonía, Hesíodo

Hiperbórea, la tierra que rivalizó con la Atlántida

Se habla siempre de los mitos de la Atlántida, pero existen una serie de referencias mitológicas a una tierra llamada Hiperbórea que tiene similitudes con ésta y que son de lo más interesantes. Hoy en ufopolis vamos a acercarnos a este mito desde un punto de vista histórico para saber qué significó en la historia de la humanidad. Hiperbórea,  una tierra mágica en el origen de la humanidad; hacia ella el dios Apolo conducía cada diecinueve años su carro para rejuvenecerse. Su nombre griego: (Υπερ βορεία) Hyper Boreas, significa «más allá del norte» y deriva de que se creía que el dios del viento «Bóreas» habitaba en Tracia, y los hiperbóreos, sus hijos, lo hacían más al norte de este reino, en el país de Hiperbórea. Según antiquísimas leyendas era un continente, o isla, que habría ocupado una parte de las regiones árticasantes del cambio del eje terrestre que trajo la segunda glaciación . Esta civilización debió florecer hace más de 60.000 años, durante el último período interglacial, algo del todo punto inverosímil en base a las actuales dataciones de las primeras civilizaciones ubicadas en Mesopotamia y Sumeria.

Según dichas  leyendas sus habitantes eran seres venidos del mundo de las estrellas, inmortales  de origen divino que habían dado nacimiento a una civilización conectada con lo trascendente. Los relatos antiguos narran que la primera civilización del planeta tuvo su origen en ese lejano «país del norte» antes de que ocurriera una época glacial. y hacen referencia al hombre como descendiente de la tierra de los dioses. Una civilización descendida de las estrellas que habría visitado nuestro planeta hace miles de miles de años, cambiando para siempre la historia de la tierra. Los griegos conservaron el recuerdo de esta “Tierra del Sol Eterno” que se extendía “más allá del dios Bóreas”, señor del frío y de las tempestades.

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Hiperbórea, el mito de una tierra más allá del Polo Norte

De la misma forma  que Platón citó la leyenda egipcia de la isla hundida de la Atlántida, el historiador griego Herodoto mencionó la leyenda egipcia del continente de Hiperbórea en el lejano norte en donde se dice que cuando el hielo destruyó esta antigua tierra, su gente emigró al sur. Herodoto registró que tres fuentes anteriores habían mencionado a los hiperbóreos, incluyendo Hesíodo y Homero. Esta tierra fue descrita como perfecta, con el sol brillante las 24 horas del día, lo que sugiere una ubicación dentro del circulo Polar Ártico. Según el poeta griego Píndaro:

“Nunca la musa está ausente de sus caminos: arpas chocan y flautas lloran y en todas partes los coros de las doncellas giran. Ni la enfermedad, ni la amarga vejez se mezclan en su sangre sagrada; lejos de la mano de obra y la batalla ellos viven.”

Junto con Thule, Hiperbórea era una de varias tierras incógnitas para los griegos y los romanos, donde, Plinio, Píndaro y Herodoto, así como Virgilio y Cicerón reportaron que la gente vivió hasta la edad de mil años, y disfrutaron de vidas de felicidad completa. Esto es curiosamente similar a la figura de Matusalem que aparece en el Antiguo Testamento. Hecateo de Abdera recopiló todas las historias sobre los hiperbóreos actuales en el siglo IV a.C y publicó un extenso tratado sobre ellos, ya perdido para nosotros, pero destacado para Diodoro de Sicilia:

“En las regiones más allá de la tierra de los celtas se esconde en el mar una isla no más pequeña que Sicilia. Esta isla, la historia sigue, está situada en el norte y está habitada por los hiperbóreos, los cuales son llamados por ese nombre debido a que su casa está más allá del punto donde el viento del norte (Boreas) golpea; y la isla es a la vez fértil y productiva en todos los cultivos, y tiene un clima templado.”

Hecateus de Abdera escribió también que los hiperbóreos tenían un “templo circular” en su isla, y algunos eruditos han tratado de identificar esto con Stonehenge. Y hay más referencias. Ptolomeo y Marciano de Heraclea, ambos dos, colocan a Hiperbórea en el Mar del Norte, al que llamaron “Océano Hiperbóreo”. Además, se suponía que el sol salía y se establecía sólo una vez al año en Hiperbórea; lo que la colocaría por encima o en el círculo Polar Ártico, o, más en general, en las regiones polares árticas lo que enlaza con la teoría de ese mundo interior más allá del Polo Norte. Volviendo a Grecia, sólo entre los Doce Olímpicos, Apolo fue venerado entre los hiperbóreos. De hecho los helenos pensaban que él había pasado su invierno entre ellos. Apolo fue conocido en Mesopotamia como Shamash, nieto de Enlil, y como Harpócrates en el antiguo Egipto.

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Los hiperbóreos aparecen en todas las menciones como grandes constructores y guerreros

Por su parte, el antiguo escritor griego Teopompo en su obra Philippica aclamó que una vez, una gran raza de soldados de otra isla (algunos han afirmado que se trababa de la Atlántida) planeaban conquistar a Hiperbórea. El plan se dice que fue abandonado por los soldados invasores al darse cuenta de que los hiperbóreos eran demasiado fuertes para ellos y las más benditas de las personas; esta historia inusual, que algunos la creen ser mito, fué preservada por el historiador Eliano. La leyenda griega afirma que los boréades (descendientes de Boreas y Khione [Ninfa de la nieve), fundaron la primera monarquía teocrática en Hiperbórea. Esta leyenda se encuentra preservada también en los escritos de Eliano:

“Éste dios (Apollon) tiene como sacerdotes a los hijos de Boreas y Khione, de seis codos de altura (tres metros)”.

También, Aelius Herodianus en el siglo III escribió que los míticos Arimaspi eran idénticos a los hiperbóreos en el aspecto físico (De Prosodia Católica, 1. 114) y Stephanus de Bizancio en el siglo VI, escribió lo mismo (Ethnica, 118. 16). El antiguo poeta Calímaco describió curiosamente a los Arimaspi con cabello rubio.

Al respecto de esto tenemos una interesantísima historia llamada «El Dios Humeante». Es la epopeya del noruego Olaf Jansen y su padre, de su viaje en barco de vela al interior de la tierra, a través de los glaciares de la región del Polo Norte. Olaf Jansen nació en 1811 y tenía 19 años cuando emprendió ese fatídico viaje de pesca con su padre, entre Abril y Junio de 1829. Fue después de que llegaron a la tierra de Francisco José de Estocolmo, cuando los dos decidieron aventurarse aún más al norte, donde creían que encontrarían la tierra de los “Elegidos”. Después de escapar de una tormenta feroz y peligrosos icebergs, navegaron sin problemas durante once días, siempre en lo que parecía ser dirección al norte. Unos días más tarde llegaron a las orillas de un río poderoso por el cual estuvieron otros diez días navegándose hasta principios de septiembre. Finalmente habrían echado el ancla en una playa de arena donde fueron recibidos por seis hombres gigantes haciéndose amigos de ellos. Según el padre de Olaf, esta gente tenía grandes y hermosas casas adornadas con oro, un metal muy común allí. La principal ocupación era la agricultura, tenían viñedos y cultivaban el grano. Las verduras y las frutas eran exuberantes, enormes y exquisitamente deliciosas. Los árboles, los bosques y los animales también eran enormes, y el aire era vigorizante.

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Son numerosos los relatos de viajeros que afirman haber visto tierras imposibles en el Polo Norte

Las características de este relato son increíbles:

  • La luz del sol reverberaba en los acantilados vertiginosos de hielo cristalino. Esto enlaza con las crónicas de Virgilio, según las cuales, los pocos navegantes que alguna vez alcanzaron hasta sus proximidades vieron aquella tierra bendita rodeada de un halo de luz indescriptible, tan arrobadoramente bella, que cayeron de rodillas cantando plegarias a los dioses.
  • A pesar de estar rodeada de nieves eternas, el sol que reflejaban los ventisqueros calentaba la atmósfera y la tierra. Como si fueran espejos cóncavos. Así, en hiperbóreas el clima era paradisíaco, semi tropical, y cada palmo de tierra era un vergel.

Sin embargo, nadie pudo llegar en verdad hasta el interior de ese edén, pues se encontraba por completo aislado por las escarpas infranqueables de hielo. Dice Diodoro que el Maestro que inició a Pitágoras en los Misterios y en las matemáticas, Ferécides de Siros, habría descendido de hiperbóreos. Y aún más Piteas de Marsella, navegante y sabio, en el siglo V a. C. llegó, según las crónicas de la época a una tierra que toca el círculo ártico. Los habitantes de esas islas le declararon que si navegaba un día entero hacia el Norte, encontraría “el mar sólido”. Aquella isla a donde había arribado Piteas se llamaba Thule y esto es interesantísimo ya que según la tradición germánica ese ere el nombre de la morada de sus dioses, la cual se hallaba en el extremo septentrional. Y esta patria polar fue “una enorme isla de Hielo rodeada de altas montañas transparentes como el diamante”.

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Las costas de la Hiperbórea, un regalo para la vista según las leyendas

Por su parte los habitantes de Hiperbórea son también descritos en el “Libro de Enoc:

Su carne era blanca como la nieve y roja como la flor de la rosa; sus cabellos eran blancos como la lana; y sus ojos eran hermosos”.

Y continúa diciendo que en Thule, la capital de Hiperbórea, “vivían los sabios y los doce miembros de una orden iniciatica suprema».  También según las leyendas, el origen de Hiperbórea se remontaba al comienzo de los tiempos , cuando en el cielo hubo una batalla  entre Jehová, dios del mundo material, y las huestes espirituales de Lucifer, algo que encaja con el mito sumerio de la creación. La leyenda afirma que el continente Ártico, hace milenios, era un lugar de clima templado y con una naturaleza generosa. Hiperbórea estaba situada más allá del océano boreal y aislada del mundo, pero tras un cataclismo planetario, Hiperbórea desapareció y aquella eterna primavera ártica dio paso a un clima frío e inhabitable. Los descendientes  hubieron de emigrar hacia regiones más al sur, fundando la legendaria civilización del Gobi, en el Asia y migrando también hacia Escandinavia.

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En muchos relatos se expone una gran migración de los hiperbóreos tras una gran hecatombe

Estos hiperbóreos, según germanos, celtas y las antiguas tradiciones, proporcionaron la raza de los hombres  que se hundió con su continente cuando se produjo el cataclismo mundial o el “hundimiento de la Atlántida”. 

Así vemos como el mito, leyenda, o realidad  de Hiperborea, se remonta a una gran antiguedad y llega hasta muchos de nosotros a través del tiempo tocando varios conceptos estudiados en otras culturas. Si os ha gustado este artículo podéis ver el vídeo que hicimos sobre la posibilidad de que existan ruinas atlantes en la Antártida. Esperamos que el programa sea de su agrado.

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El misterioso elixir de la inmortalidad de los dioses

Los mitos y leyendas de las diferentes culturas y religiones del mundo tienen muchas similitudes, una muy interesante es que siempre nos presentan a unos seres, los dioses, con una notable diferencia con respecto al ser humano, una característica que siempre se ha ansiado: los dioses son inmortales.

Pero, por las referencias a esta singularidad que se hacen en los textos, parece que la inmortalidad era adquirida por los dioses mediante la ingesta de un alimento o bebida ‘’mágicos’’ que les otorgaría el don de la larga vida, en lugar de una propiedad inherente a la esencia de estos seres. ¿Qué sería en realidad este alimento?

En la antigua Grecia se conocía como Ambrosía, palabra que significa literalmente ‘’inmortalidad’’. Una sustancia consumida por los dioses mediante la cual obtenían la inmortalidad y que, entre otros beneficios, era capaz de curar enfermedades y otorgar juventud. Sólo las entidades divinas tenían permitida su ingesta, negándola a los hombres, quienes debían de permanecer mortales. Aunque si algún mortal tenía la fortuna de conseguir el permiso de los dioses para poder probar del codiciado manjar, en ocasiones se convertía en un semidiós o conseguía grandes dotes como una exagerada fuerza física.

La supervivencia de los antiguos dioses parecía depender de la ingesta de esta mágica sustancia.

Aparece por primera vez en esta mitología en el relato del nacimiento del dios Zeus dónde se nos cuenta que esta mágica sustancia proviene de los cuernos de la ninfa Amaltea, que se representaba como una cabra.

Antes de la aparición de la Ambrosía, se menciona que los dioses se alimentaban inhalando los vapores que desprendían los cuerpos de sus enemigos al morir.

Una de las referencias a la ambrosía o néctar, la encontramos en la Ilíada, Canto IV:

‘’Sentados en el áureo pavimento a la vera de Zeus, los dioses celebraban consejo. La venerable Hebe escanciaba néctar, y ellos recibían sucesivamente la copa de oro y contemplaban la ciudad de Troya’’.

Famoso cuadro de Ingres en el que aparece Tetis rogando a Zeus que otorgue la inmortalidad a su hijo Aquiles.

Muy similares son las referencias al alimento de los dioses en la mitología nórdica. Aquí, Idún, una diosa que no había nacido y no moriría, prometió al resto de dioses al llegar a Asgard un bocado diario de los mágicos frutos de la inmortalidad que ella custodiaba. Así los dioses no envejecían ni enfermaban.

Estos frutos, representados como manzanas doradas, eran guardados con mucho celo en un cofre mágico o ‘’eski’’ y no se permitía que ninguna otra raza probara de ellos.

En la sección XXVI del texto Gylfaginning leemos:

«Su mujer es Idún: ella custodia en su cofre de ceniza esas manzanas que los dioses deben probar ya que de no hacerlo, envejecerán; y así todos tornan jóvenes, y así ha de ser hasta el destino de los dioses’’.

Es interesante leer como, en una ocasión, Loki decide robar estos frutos para llevarlos al reino de los gigantes secuestrando a Idún. El resto de los dioses, al verse privados del alimento, comenzaron a envejecer. Así se relata en el Skáldskaparmal:

«Los dioses enfermaron con facilidad debido a la desaparición de Idún, envejecieron y su cabello encaneció. Se reunieron en concilio y preguntaron unos a otros quién fue el último que hubiera visto a Idún’’.

También en la mitología celta se relaciona con la inmortalidad un fruto muy similar representado como una manzana dorada.

Vemos la presencia de esta mágica sustancia en el folklore alrededor de todo el mundo.

En la antigua China son varias las referencias a distintos alimentos divinos capaces de otorgar una extrema longevidad o la inmortalidad. La diosa taoísta Xiwangmu habitaba en un palacio celeste en donde se cultivaban las ‘’hierbas de la inmortalidad’’ y se criaban los ‘’peces de la larga vida’’. En este palacio se reunían los dioses; invitados a los que ella servía los melocotones de la inmortalidad, que crecían en su huerto y que maduraban cada 3.000 años.

En otra vertiente del taoísmo aparecen unos seres conocidos como ‘’los 8 inmortales terrenales’’ cuyas leyendas relatan cómo acabaron consiguiendo el don la inmortalidad. Por ejemplo, Chung Li Chuan dio con el mágico elixir mientras meditaba en las montañas como un premio que le fue otorgado en forma de pastilla guardada en una pequeña caja de jade; otro inmortal, Han Xiangzi, subió al árbol del cual crecían los frutos de los dioses, al bajar ya era inmortal.

En ocasiones, la bebida de los dioses, entre otras características, también tenía la facultad de embriagar, este es el caso del Amrita en el hinduismo, también conocido como Soma en el antiguo vedismo.

En este mito, los dioses estaban perdiendo la inmortalidad por lo que, con ayuda de algunos demonios o ‘’asuras’’, batieron el mar de leche, que rodea el mundo en esta cosmogonía, hasta que dieron con el preciado néctar.

Representación de los dioses hindúes batiendo el océano de leche ayudados por demonios y una enorme serpiente.

En el Rig Veda 8.48.3, se dice:

‘’Hemos bebido Soma y por ello, nos hemos vuelto inmortales, hemos obtenido la luz que los dioses descubrieron. Ahora, ¿qué puede la malicia de nuestros enemigos hacer para dañarnos? ¿Qué? ¡Oh inmortal! Engaño del hombre mortal’’.

Muchas culturas han relacionado la inmortalidad con la luna, así Soma es en India un dios antropomórfico identificado con ella y en lugares como China, Japón y Corea existe la figura del ‘’conejo lunar’’ al que se le representa trabajando en un mortero mientras mezcla el divino elixir; este ser es además el compañero de Chan’e, una diosa que reside en la luna ya que en una ocasión que bebió demasiado elixir, éste le hizo flotar hasta ella.

El alimento de los dioses podría requerir de una preparación previa.

El ejemplo más claro del néctar de la inmortalidad de los dioses y de la incesante lucha del hombre mortal por obtenerlo, aparece en la obra épica más antigua conocida: ‘’La epopeya de Gilgamesh’’. En este relato se presta especial atención a la mortalidad humana frente a la inmortalidad divina.

Gilgamesh, rey de Uruk, era en parte descendiente de dioses y en parte humano. Aun así, era mortal. Este rey severo y en ocasiones déspota, tenía un excesivo afán de gloria y se creía con derecho de nacimiento a gozar de la inmortalidad de los dioses debido a su linaje.

Como respuesta ante las quejas del pueblo, la diosa Ninhursag creó un ‘’hombre salvaje’’: Enkidu, para que tratara de vencer al rey en combate pero, por una serie de acontecimientos, Enkidu y Gilgamesh acabaron convirtiéndose en grandes amigos. Es entonces cuando los dioses decidieron acabar con la vida de Enkidu y la muerte de su querido amigo se convirtió en la motivación de Gilgamesh para la búsqueda de la inmortalidad, para lo cual emprendió un viaje en busca de Utnapistim (en acadio) o Ziusudra (en sumerio) y su mujer. Esta pareja, eran los únicos seres humanos que sobrevivieron al diluvio universal y a quienes los dioses había otorgado la inmortalidad que tanto ansiaba el rey. Muchos personajes intentaron disuadirle de tan atrevida empresa:

‘’Nunca podrás encontrar la inmortalidad, ya que los dioses la reservan para ellos mismos y a los hombres les reservaron la muerte’’.

                                                    Tablillas de Berlín y Londres. Conversación de Gilgamesh con Siduri.

Gilgamesh no podía concebir la injusticia de su mortalidad mientras convivía con seres inmortales.

Cuando, después de muchas aventuras en el devenir de sus viajes, Gilgamesh finalmente dio con la pareja, Utnapistim trató de disuadirle también diciéndole que su intento es inútil. Aunque acabó compadeciéndose y le habló de una planta que se encontraba en el fondo del océano con la capacidad de hacerle joven de nuevo. Un secreto de los dioses.

‘’Una planta, su aspecto es como el de un espino; su púa como la de la rosa silvestre. Si tu mano se hace con esta planta, podrás, con ella, recobrar tu brío’’.

                                                                                                                          Tablilla XI: 283-285

Gilgamesh finalmente encontró la planta pero le fue robada por una serpiente que la devoró y en el momento en el que lo hizo, mudó su piel.

Y una serpiente es también quien tienta a Eva para comer el fruto del árbol prohibido en el jardín del Edén:

‘’Y dijo Jehová: He aquí que el hombre es como uno de nosotros, sabiendo del bien y del mal; ahora, pues, que no alargue su mano y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre’’.

                                                                                                                                                               Gen 3:22

Muy interesante resulta, en este aspecto, el correspondiente sumerio cuando en el mito de Adapa, éste es aconsejado por el dios Enki, su creador, que no aceptara ingerir nada que le fuera ofrecido por el dios supremo Anu; ya que Enki temía que si Adapa el hombre no fuese del agrado de Anu, éste tratara de envenenarle. Todo lo contrario, Anu quedó gratamente impresionado por la nueva creación por lo que ofreció a Adapa la comida y la bebida de la inmortalidad que el hombre rechazó tal y como le fue aconsejado hacer.

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El dios Anu recibiendo a Adapa, el primer hombre.

Referencias a un mágico brebaje o alimento divinos aparecen en una infinidad de textos antiguos y en tradiciones orales de muchas comunidades por todo el mundo. Existen menciones en el zoroastrismo, en el antiguo Egipto, en textos como el Corán y, por supuesto, en la disciplina alquímica que, desde hace siglos, ha tratado de dar con la piedra filosofal y, por tanto, con el ‘’elixir de la vida’’, la eterna juventud y la inmortalidad. Quién sabe si algún estudioso alquimista no acabará lográndolo o, tal vez, los propios dioses, fueron alquimistas ellos mismos.

Resulta curioso como, según el mito, al ser humano se le niega la inmortalidad por orgullo y codicia de los dioses mientras que, en ocasiones, el hombre se ve privado de tal don como castigo por alguna mala acción cometida, o eso es lo que le hicieron creer.

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¿Sería la piedra filosofal una sustancia que pudiera ser consumida por el ser humano?

En cualquier caso, los dioses siguen siendo inmortales a nuestros ojos y el ser humano continúa siendo mortal. No se hace difícil imaginar la rabia que pudo sentir Gilgamesh al ver cómo le era negado algo que para los dioses frente a él, era normal:

«¿Cómo voy a permanecer en silencio? ¿Cómo voy a callarme? Mi amigo, al que amo, se ha convertido en barro, Enkidu, mi amigo, al que amo, se ha convertido en barro.

¿No terminaré siendo como él, y cómo él también yaceré para nunca levantarme por toda la eternidad?’’.

                                                                                                                                      Tablilla X: 67-71

Los Nagas, misteriosos dioses reptiles de la antigüedad

Cada una de las diferentes mitologías que existen están plagadas de referencias a misteriosos seres híbridos cuyo parecido con el ser humano resulta engañoso ya que este tipo de seres, que habitan el mismo mundo que el hombre, parecen más venidos de otros mundos que autóctonos de nuestro medio.

Resulta casi sorprendente la frecuencia con la que este tipo de criaturas manifiestan una naturaleza reptil en el folklore de cualquier nación del mundo siendo uno de los ejemplos más representativos la raza Naga presente sobretodo en la mitología Hindú, pero que también tienen marcada importancia en las leyendas de países como Pakistán, Nepal, Camboya o Tailandia.

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Existen criaturas híbridas en casi cualquier mitología.

Esta raza de seres, a menudo femeninos, aparece en los relatos descritos con una forma híbrida en la que el torso y la cabeza son humanos mientras que la parte inferior del cuerpo es la de una serpiente. De mirada penetrante, poseen grandes ojos muy brillantes e intimidan a quienes se los encuentran con su gran altura.

Según las diferentes narraciones, estas serpientes semidivinas destacan por su gran inteligencia y sabiduría además de por su considerable paciencia. Normalmente, presentan un carácter sibilino y traicionero y se les suele representar de forma negativa como seres venenosos que merecen la muerte. Aunque en ciertas culturas se les considera también protectores de la naturaleza.

Habitan en cuevas, ruinas oscuras o en lugares cerca de ríos, lagos, océanos y pozos. Según el Mahabharata, uno de los textos épicos más importantes de la religión hindú, la mayoría de estos seres legendarios reside en el más profundo de los 7 Patalas o infiernos subterráneos de su cosmogonía.

Estos híbridos ejercen un gran poder de atracción sobre el ser humano, al que son capaces de seducir y engañar para sus propósitos. Característica que se atribuye también a las populares sirenas, criaturas mitad humano y mitad pez que en la tradición atraen a los marineros con sus cantos a un terrible final.

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Frecuentemente, en las tradiciones, las criaturas híbridas tienen relación con seres reptiles.

La raza Naga, aunque en ocasiones ayuda a los dioses en la realización de sus empresas, prefieren, si tienen elección, mantenerse alejados de ellos.

Según el Mahabharata, se organizan en una sociedad jerárquica en la que existen tres reyes: Vasuki, Sesha y Taksaka; y algunos de los individuos que integran esta sociedad, resultan tremendamente poderosos llegando a tener control sobre el clima o la creación de terremotos.

El origen de estos dioses menores, según el hinduismo, parte de la figura de una madre ancestral: Kadru, que puso mil huevos de los que surgió esta nueva raza pero a los que, más tarde, maldijo, siendo sus propios hijos, a morir. Es lo que se denomina ‘’el sacrificio de las serpientes’’ cuando diera comienzo el Kali Yuga, al que en aquel momento, aún le faltaban 4 millones de años para llegar.

Lo que motivó esta extrema decisión fue que todos sus hijos se negaron a prestarle ayuda en la apuesta que la diosa hizo con su hermana en la que la perdedora quedaría esclavizada ante la ganadora por toda la eternidad.

Sin embargo, algunos nagas pudieron evitar su fatal destino consiguiendo beber el ‘’Amrita’’ o elixir de la inmortalidad de los dioses.

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Algunas culturas, representan a estos seres como serpientes de varias cabezas

Estas criaturas legendarias también aparecen en los mitos del budismo tibetano, siendo una de las historias más notables la que relata como en una ocasión en la que Buda se encontraba meditando en el bosque, fue sorprendido por una fuerte tormenta y el rey naga Mucalinda le auxilió dándole refugio bajo sus siete cabezas. Al pasar la tormenta, la serpiente adquirió la forma de un joven y le presentó sus respetos.

Por lo que nos cuentan la gran cantidad de relatos en los que aparecen estas criaturas, parece que tendrían la facultad de cambiar de aspecto a voluntad pudiendo transfigurarse y dejándose ver con aspecto enteramente humano o enteramente reptil.

Encontramos referencias a los Nagas en varias culturas. En Camboya, por ejemplo, son una raza reptil hijos del rey Kaliya, cuyo reino se situaba en las tierras que son bañadas por el océano Pacífico, tuvieron que huir a buscar refugio en India bajo la persecución de Garuda y una de las hijas de rey contrajo matrimonio con un noble indio. De esta unión surgió el pueblo camboyano.

Y no son los únicos que afirman ser descendientes de esta raza, en el Norte de la India existen, a día de hoy, comunidades que manifiestan orgullosas ser descendientes de los Nagas autodenominándose ‘’naga voshi’’ o ‘’linaje naga’’.

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Algunas personas, e incluso naciones, se afirman descentientes nagas.

Damos con un amplio abanico de entes con características reptiles al explorar los antiguos relatos de diferentes culturas: en Malasia, los nagas se presentan con forma de dragón de varias cabezas, en Java y Tailandia, se les considera dioses del inframundo y en Laos son representados como serpientes acuáticas. En Filipinas estas deidades serpiente se conocen como ‘’Kapampangan’’ y algunas de ellas son aladas. Unos seres muy parecidos, aparecen también en la literatura de Sri Lanka.

Podemos establecer un paralelismo de los Nagas con los dragones de la mitología china y en el folklore tibetano, suelen representarse con forma de cobra de una o varias cabezas. En dicha religión tibetana, estos reptiles sirven a Virupaksa, uno de los cuatro reyes celestiales encargado de guardar el Oeste. En las leyendas japonesas encontramos a ‘’Orochi’’, una serpiente de ocho cabezas y ocho colas y, en la antigua mitología griega, se nos presenta un monstruo de similares características: la policéfala Hidra de Lerna a la que dio muerte el héroe Heracles.

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El monstruo japonés »Orochi», los seres reptiles de casi todas las mitologías suelen tener connotaciones negativas.

No son estos los únicos ejemplos de seres híbridos legendarios. En la ancestral China se hablaba de los ‘’reyes dragón’’ que gobernaban los océanos y residían en un palacio de cristal subacuático. Tenían la habilidad de cambiar de aspecto y de mostrarse con forma completamente humana si así lo deseaban. También en China existen relatos acerca del héroe Fu Xi y su hermana gemela Un Wa, ambos con cabeza humana y cuerpo de serpiente, fueron los responsables de la creación del ser humano a partir de arcilla.

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Resulta evidente la relación entre los nagas y otros seres legendarios como dragones o leviatanes.

La deidad mesopotámica Ningishzida, de nuevo un reptil con cabeza humana, era uno de los guardianes del palacio celestial del dios supremo Anu y era considerado un dios del inframundo.

En el folklore portugués y gallego aparece la figura de las Moiras, unas damas mágicas con la capacidad de cambiar de aspecto, algunas de ellas, representadas como seres reptiles con largos cabellos.

El fundador y primer rey de Atenas, Cecrops I, se nos describe como un ser híbrido parte reptil y parte humano y, en la misma Grecia, no podemos olvidarnos de las gorgonas, mujeres cuyos cabellos son serpientes.

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En muchas ocasiones encontramos relatos de monstruos legendarios como la Hidra de nueve cabezas.

El dios serpiente emplumada Quetzalcoatl en la cultura mesoamericana es un claro ejemplo de la manifestación de estos dioses reptiles ante las antiguas civilizaciones por todo el planeta. Es posible que todas estas diferentes narraciones y representaciones de seres divinos con aspecto reptil, se estuvieran refiriendo a lo mismo, tal vez a una raza con estas características que interactuó con la antigua humanidad.

Concluimos citando una referencia al reptil mitológico más conocido en nuestra cultura:

‘’Pero la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo a la mujer: ¿Con que Dios os ha dicho que no comáis de todo árbol del huerto?«

    Gen 3:1