El secreto de la inmortalidad y el elixir de la vida

Desde su más tierna infancia la humanidad, sabiéndose en una existencia finita, se ha cuestionado su inexorable destino que se antoja de forma amarga y, en ocasiones, hasta injusta. El hombre, desde sus inicios ha visto que todo a su alrededor, todos los elementos que componen su contexto, perecen o se transforman y sin embargo, aun conociendo que nada de lo que le rodea es perenne, se resiste a aceptar su propio deceso, el agrio destino que toda persona tiene reservado al final de sus días, la muerte. Y aparecen en el hombre deseos de eternidad, de inmortalidad. La mortalidad se antoja como algo carente de justicia, es arbitraria, abusiva e irrazonable.

Así se expresa en los relatos mitológicos más antiguos de la humanidad la idea del fin de la vida, haciendo de ella un castigo no merecido. ¿Acaso los primeros hombres se encontraron con seres inmortales ante los cuales se plantearon la injusticia de su propia mortalidad?

mesopotamia
El ser humano siempre se ha planteado la cuestión de la mortalidad

El propio final es un planteamiento profundamente arraigado en la naturaleza del ser humano y ampliamente discutido en filosofía y religión con una prominente presencia en los antiguos textos mitológicos resultando ser la motivación más fuerte para el protagonista del poema épico más antiguo conocido: la epopeya de Gilgamesh. En esta obra literaria sumeria se narra como el rey Gilgamesh parte en busca de la inmortalidad de los dioses para sí mismo haciendo gala de un comportamiento que resultaría más que lógico para una persona que vive en una sociedad como la que se describe en el propio texto en la que la humanidad es forzada a aceptar su propia finitud mientras comparte la tierra con unos seres cuyas vidas parecen no diluirse en el discurrir del tiempo.

¿Pero por qué la humanidad no es inmortal? Frecuentemente la mitología en sus historias da una explicación u otra para tal fatal ventura si bien lo que resulta intrigante acerca de todos estos motivos es su concordancia en que esta designación acontece debido a un fatal error o imprudencia del hombre y que acaba convirtiéndose precisamente en lo que diferencia a la raza humana de la raza divina.

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La muerte de su querido amigo Enkidu es lo que motiva a Gilgamesh a tratar de plantar cara al destino del hombre

Y es que casi todos los mitos acerca del origen del hombre manifiestan una descarada coincidencia en apuntar que el primer hombre o la primera pareja fueron creados para ser inmortales. Indicando que en un inicio los dioses no concibieron al hombre para ser mortal y que el más preciado de los dones para el hombre fue perdido.

Uno de los más antiguos textos mitológicos de los que tenemos constancia describe la versión acadia de como aconteció el suceso que dio fin a la infinidad del hombre. En el mito de Adapa se presenta a este hombre como un habitante de la ciudad de Eridu en Mesopotamia, en este caso Adapa no es el primer hombre creado ni tampoco es creado como un ser inmortal pero es descendiente de los propios dioses, engendrado por el propio dios Enki y es un fiel servidor de esta deidad, Enki, ante tal devoción decide instruir al hombre como recompensa e iniciarle en sus artes y sus ciencias convirtiéndole en un sabio y único conocedor entre los hombres de ciertas virtudes.

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Adapa es el primer hombre en la mitología acadia al que le es ofrecida la inmortalidad

Tiene lugar un suceso en el que Adapa se encuentra en una barca pescando y el viento comienza a alzarse violentamente haciéndole peligrar. El hombre consigue llegar a nado a la orilla donde se encuentra con el dios del viento Shutu y ambos se enzarzan en una contienda en la que el bien amado de Enki consigue quebrar las alas del dios provocando que el viento se detenga.

Los dioses comienzan entonces a preguntarse por qué razón el viento había dejado de soplar y una vez que Anu, el dios supremo, es puesto en conocimiento de lo acontecido, decide convocar al hombre ante su presencia.

Enki teme que se vayan a tomar medidas drásticas contra su creación y le aconseja a su vástago lo siguiente:

‘’Cuando estés en presencia de Anu se te ofrecerá el alimento de la muerte. No comas. Se te ofrecerá una bebida que lleva la muerte. No bebas. Se te ofrecerá un vestido, póntelo. Se te ofrecerá aceite, úngete. ’’

Cuando Adapa se halla en presencia del líder de los dioses plantea su defensa de forma lícita y con gran elocuencia y sucede algo al margen de la previsión de Enki: Anu queda gratamente complacido al conocer a Adapa. Para sellar la reconciliación manda traer un vestido y aceite. Presentes que Adapa acepta de buen grado. Tras ello, se ordena traer la bebida y el alimento de la vida pero Adapa, confiando en el buen juicio de su creador y sin ser consciente de ello, rechaza el regalo de la inmortalidad. El dios de la bóveda celeste enloquece al enterarse de los motivos que llevaron al hombre a declinar tan galante oferta y expulsa al ingenuo Adapa de su palacio dejándole con la infeliz suerte que comparte la humanidad.

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Los dioses como seres inmortales son los custodiadores del árbol de la vida

El mito de Adapa es uno de los muchos que atribuyen el desventurado destino final humano precisamente a eso, un error humano. En la mayoría de las ocasiones es un error estúpido o un detalle absurdo cuyas consecuencias, establecidas por los demiurgos correspondientes, son tremendamente desproporcionadas y el desliz de uno es, de forma irónica, compartido eternamente por el resto de sus congéneres. Un fallo que se comete de forma inconsciente sin ser pretendido en casi todos los mitos a excepción del relato bíblico en el que sucede de manera deliberada.

¿Urdió Enki una argucia para arrebatar al hombre el acceso a la eternidad o su motivación era genuina resultando en un error que no pudo haber previsto? En cualquier caso las consecuencias continúan siendo las mismas y tal vez este conjunto de mitos que cargan sobre los hombros de la humanidad el peso de la responsabilidad del don arrebatado no sean otra cosa que un ardid de los dioses para justificar lo injustificable.

Tal vez la propia biología de los dioses los hiciera inmortales o tal vez se ganaron el derecho a transcender la muerte mediante el avance tecnológico, un avance que no determinaron que fuera compartido con la humanidad pero quizás algún día el hombre llegue a alcanzar también ese derecho, como la ciencia actual ya está investigando. Puede que el hombre se gane por sus propios medios lo que los dioses le negaron por error.

Si os ha gustado esta entrada os invitamos a ver el enigma de la constelación, venerada desde tiempos inmemoriales y el misterio de la estrella Sirio. Esperamos que sean de su agrado.

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-¿Fue real la historia del diluvio universal? Leyendas sumerias-

Son varias y diversas las culturas que conservan en sus leyendas alguna referencia o mención a un gran diluvio en la historia de sus civilizaciones que normalmente causa gran destrucción o extermina a casi toda la humanidad en una catástrofe de proporción planetaria. Cada una de las historias aporta detalles interesantes pero ¿podemos pensar que realmente se dio una gran inundación que asoló la Tierra en los antiguos días?

La referencia más próxima se da en el Génesis bíblico en el que el dios Yavhé decide crear el diluvio como castigo para la humanidad por su maldad.

‘’Yavhé vio que la maldad del hombre en la tierra era grande y que todos sus pensamientos tendían siempre al mal. Se arrepintió, pues, de haber creado al hombre, y se afligió su corazón. Dijo: «Borraré de la superficie de la tierra a esta humanidad que he creado, y lo mismo haré con los animales, los reptiles y las aves, pues me pesa haberlos creado.»

                                                                                 Gen 6:6-7

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Aunque es el más conocido, el relado del arca de Noé, no es uno de los más antiguos

Si bien es el propio Yavhé también quien decidió salvar a un hombre y su familia de la gran devastación que estaba por venir. Noé, el único hombre justo de toda su generación, fue advertido por Dios de la próxima inundación y le fueron dadas unas instrucciones muy precisas para construir un arca de madera en la que salvarse junto con una pareja de cada animal que les permitiría repoblar la tierra tras la gran catástrofe. Así pues, Dios mandó el diluvio a la Tierra que la anegó durante 40 días y 40 noches y que destruyó todo rastro de vida sobre ella exceptuando el arca y todo lo que habitaba dentro de ella. Cuando la tormenta amainó, toda la tierra estaba cubierta por las aguas, Noé dejo volar un cuervo y después una paloma, cuando ésta volvió portando una rama de olivo, los habitantes del arca comprendieron que volvía a haber tierra por encima de las aguas. De este modo, Noé y su descendencia directa construyeron un altar y realizaron a Yavhé un sacrificio que le complació, y así se convirtieron en los progenitores de una nueva humanidad.

En este relato se presenta un dios que actúa como una figura humana y que, hastiado por la crueldad y la violencia de los hombres, decide eliminarlos debido al sentimiento del arrepentimiento. Sin embargo, en otro libro bíblico, se narra un fin diferente para el diluvio si bien la razón para el mismo se mantiene. En el apócrifo libro de Enoch se manifiesta que la razón por la que dios decidió inundar la Tierra fue para exterminar a los Nephilim y no a los hombres aunque también se pretendía castigar a estos últimos por sus malas acciones. Aquellos gigantes bíblicos vástagos de la unión de los hijos de Dios y las hijas de los hombres que trajeron la violencia al mundo representan el motivo principal para el diluvio en este libro.

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Parece que el origen de esta leyenda en el continente euroasiático se encontraría en mesopotamia.

Pero parece que las fuentes bíblicas se basaron directamente en los relatos mesopotámicos anteriores sobre el mismo evento. En la épica ‘’Epopeya de Gilgamesh’’ aparece el mismo relato pero con diferentes nombres para sus protagonistas, en este caso Noé fue Utnapistim para los babilonios y Ziusudra para los sumerios. En esta versión más temprana del mismo relato se dice que hubo un tiempo en el que los dioses convivían con los hombres hasta que el dios Enlil decidió erradicar a toda la raza humana pues se habían convertido en una molestia. No obstante, su hermano el dios Enki se compadeció y advirtió a Utnapistim del terrible devenir dándole instrucciones para que construyera un barco que habría de llenar con semillas y animales, lo que les convirtió a él y a su mujer en los únicos supervivientes de la catástrofe. El diluvio en este caso, duró 6 días y 6 noches y de nuevo, se deja volar un cuervo para comprobar el nivel de las aguas.

Según las fuentes mesopotámicas cuando Enlil recibió la noticia de que su plan de exterminio había resultado inútil se enfureció y fue a buscar explicación por parte de su hermano que defendió su causa con tanta elocuencia que logró conmover al líder de los dioses que finalmente decidió bendecir a la pareja de supervivientes con la inmortalidad. Este es el motivo que movería a Gilgamesh a buscar el consejo del único hombre superviviente del diluvio en su aventura por alcanzar la inmortalidad.

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En varios relatos un hombre es el afortunado advertido por Dios para salvarse de entre el resto de la humanidad

El protagonista del relato del diluvio universal era conocido como Atrahasis en el imperio Acadio que también contaba con su propia versión escrita del fatal acontecimiento cuyo protagonista pone título al poema. En esta narración se describen también la creación del mundo y la del hombre y se dan más detalles en lo que refiere al diluvio.

Según se expone, al principio, cuando sólo existían los dioses, éstos tenían que trabajar la tierra. La labor era pesada y tras 3600 años de realizar estos esfuerzos físicos, los dioses comienzan a quejarse a sus líderes, declararon una huelga, quemaron sus instrumentos de trabajo y rodearon la casa del dios Enlil en la revuelta. Su hermano Enki resolvió crear al hombre para que realizara la tediosa y sufrida labor que hasta ese momento venían llevando a cabo los dioses menores consiguiendo poner fin a las revueltas.

En primera instancia todos los dioses se mostraron gratos con esta solución, pero tras 1200 años la humanidad se volvió demasiado numerosa y comenzó a representar un serio problema para los dioses. Su descontento se expresa en el texto alegando que los hombres eran tan severamente ruidosos que Enlil no podía dormir por lo que determinó diezmarlos. Primero se intentó creando plagas, una sequía y hasta una larga hambruna, pero los hombres se reponían rápidamente a ojos de los dioses que no conseguían reducir su número de forma deseable y los planes no llegaban a buen término gracias al ingenio de Enki y Athrarsis para frustrarlos. Como último recurso Enlil resolvió crear un diluvio e hizo a Enki, como castigo, responsable de llevar a cabo tal magnicidio en contra de su voluntad. Por supuesto Enki advirtió a Athrarsis para que se salvara construyendo un barco que llenó con cada tipo de animal.

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Tablilla en la que se relata la historia de Atrahasis en escritura cuneiforme

En la versión acadia del evento, el diluvio resultó ser más potente que lo que los dioses habían planeado y tras éste, se arrepintieron de lo que habían hecho y de quedarse sin nadie para adorarles y servirles. Es entonces cuando Athrarsis realiza un sacrificio para los dioses que reciben de buena gana ya que estaban hambrientos de ofrendas.

El relato del diluvio universal no es propio únicamente de esta parte del mundo sino que aparece en diversas culturas por todo el globo. En el texto Bhágavata Purana de la mitología hindú, se narra la historia de Manu, el primer hombre y primer rey sobre la Tierra que tras ayudar a uno de los avatares del dios Vishnú, es advertido por éste de la gran inundación que se avecina. Gracias al aviso, este progenitor legendario de la humanidad pudo construir un barco en el que salvar a su familia y a los animales para poder repoblar la tierra.

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Normalmente los supervivientes al diluvio cargan con la responsabilidad de la supervivencia de la humanidad tras la catástrofe

En la mitología griega también aparece una referencia a la gran inundación de los antiguos días. En este caso es creada por Zeus que pretende erradicar a la humanidad como castigo a la entrega del fuego robado por parte de Prometeo. Zeus manda un diluvio por 9 días y 9 noches pero Prometeo le había pedido a su hijo Deucalión que construyera un arca en la que hacer frente a la tormenta junto a su mujer Pirra.

Muy curioso es el relato que narra el zoroastrismo por el cual el dios supremo creó la inundación debido a que la población humana se había vuelto demasiado numerosa. Sin embargo advirtió a un hombre, Yima, de que la inundación llegaría tras el invierno, como resultado del deshielo. De nuevo, un hombre construyó una estructura en la que resguardarse junto a animales y plantas y todos los hombres justos que pudo encontrar.

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Deucalión sosteniendo a su esposa por encima de las crecientes aguas

No en todos los relatos el mundo se ve inundado por el agua. En el Kalevala finés, el héroe Väinämöinen resulta herido mientras construye un barco y es su sangre la que cubre la Tierra. Así se lee en una de las runas:

La sangre brotó como una inundación,

el flujo corrió como un río:

y no hubo ningún montículo

ni ninguna alta montaña

que no fuera inundada.

Todo por el pie de Väinämöinen

Por la rodilla sagrada del héroe.

 

Y también en la mitología nórdica se habla sobre un evento en el que el mundo estuvo inundado de la sangre del gigante primordial Ymir que perdió la vida a manos de Odín y sus hermanos. Los supervivientes en esta ocasión no fueron una pareja de humanos sino de gigantes: Belgermir y su mujer.

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Reiteradamente se refiere el diluvio como castigo a los hombres

Puede aparecer la idea de que este relato proviniera de una única fuente indoeuropea que tuviera lugar en la más remota antigüedad y que pudo extenderse por el folklore de todo el continente pero encontramos también referencias a una gran inundación en las mitologías del resto de continentes del planeta como se estudiará en posteriores artículos. La coincidente y recurrente mención a una gran catástrofe en la que el agua arrasó con casi toda la vida del planeta apuntaría a que cada pueblo conservó en sus tradiciones el recuerdo de un fenómeno de gran envergadura acaecido en los tiempos antiguos. Como dijo el renombrado arqueólogo Leonard Wooley:

‘’No debemos convertir la leyenda en historia pero hemos de suponer que bajo muchas cosas artificiosas o increíbles se esconden hechos ciertos. ’’

Ciclo gigantes mitológicos V: Los Daityas hindúes

La mitología hindú que cuenta con una vasta cantidad de diferentes seres mitológicos, también presenta sus propios gigantes mitológicos: los daityas.

Gigantes con apariencia humana de gran fuerza y poder que no se diferenciaban demasiado de los que hemos venido viendo en el resto de diferentes mitologías. Su tamaño era tal, que se dice que los daityas femeninos portaban joyas del tamaño de rocas. Eran los descendientes de la diosa Dity y del sabio Kashiapa que, a su vez, también fue el padre de la humanidad y de la raza naga.

Los daityas pertenecían a la estirpe de los asura, unos seres mitológicos de carácter divino propios de esta mitología, que se encontraban en constante conflicto con los dioses por lograr obtener el poder. Ambos, asuras y dioses, eran opuestos, y, haciendo un paralelismo, podrían ser el equivalente a los demonios en el imaginario occidental.

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Los gigantes daityas eran parte de los demonios asuras

Eran unos seres que podrían haberse convertido en dioses o devas pero que, por sus malas acciones y decisiones, no lo hicieron. En este caso se les conoce por el nombre de Dánavas. Así pues, los daityas se encuentran dentro de este grupo de seres de inclinaciones no benévolas y, pese a su gran poder, se les sitúa en los puestos inferiores de la escala jerárquica hinduista.

En unos de los textos sagrados de esta religión, llamados Upanishads, se narra como los devas y los asuras acudieron a Prajäpati, un consejo de deidades superiores que determinaban sobre la vida, en busca de la comprensión del ser. Obtuvieron del consejo una respuesta simplista, lo que determinó una profunda diferencia entre estos dos grupos divinos; los asuras se conformaron con la simple explicación pero los dioses no la aceptaron ya que no reflejaba el significado completo de la existencia por lo que continuaron esforzándose para alcanzar su total comprensión.

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Devas y Asuras representan la dualidad entre el bien y el mal en constante oposición

Aunque extremadamente longevos, los gigantes ansiaban la inmortalidad. Y envidiaban a los dioses que no morían ya que ellos tenían en su poder el amrita o elixir de la vida y, es por esto, que batallaban tratando de vencerlos.

En el texto Vishny Purana, el líder de los daityas Hiranyakashipu, le habla a su hijo de la siguiente forma:

‘’ ¿Yo, a vuestro entender, soy necio? He rendido culto durante 60.000 años, casi toda una vida, he vivido más de 100.000 años. ¿Acaso pensáis que lo único que he hecho durante toda mi vida ha sido transportar heno?’’

Al igual que sucede en la mayoría de leyendas en las que aparecen gigantes, éstos no sólo tienen una larga vida, sino que están en guerra con los dioses. En este caso, se cuenta que durante el Krita Yuga o primera edad del universo, los daityas con su gran poder y dirigidos por la serpiente gigante Vritra, se alzaron contra los dioses y consiguieron derrotarlos.

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Los gigantes no parecían ser del agrado de los dioses

Aunque su estancia en el poder fue breve y los dioses recuperaron pronto su estatus de gobernantes sentenciando a sus enemigos al encierro en el Patala o infierno subterráneo al igual que obró Zeus al encerrar a los titanes en el Tártaro cuando les hubo derrotado.

Pero en esta mitología ambas razas comparten varias similitudes y es que se describe que todos estos seres eran extremadamente bellos, la mayoría de piel blanca y de cabellos claros si bien existía un grupo de Dánavas de tez realmente oscura conocidos como los Kalakaeyas.

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Guerras entre dioses y gigantes aparencen en varias leyendas

Según el Bhagavata Purana el tiempo que la madre de los dioses estuvo en estado de gestación antes de su nacimiento fue de 100 años y no sufrió los dolores normales del parto. Asimismo, en el Matsya Purana se nos dice que el tiempo de gestación correspondiente a sus opuestos daityas y dánavas fue de 1.000 años en el vientre de su madre.

También se hace referencia en los diferentes textos a la superior inteligencia de estos gigantes que los hacía conocedores de las artes mágicas que les permitían realizar portentos como cambiar su aspecto a voluntad. Algunos, incluso, tenían la capacidad de hacerse invisibles.

Y esta gran inteligencia hacía de ellos unos fantásticos artesanos que crearían maravillosos objetos impensables para la humanidad de aquellos días.

Uno de sus reyes, de nombre Mayasura, era conocido por su excepcional habilidad como arquitecto siendo poseedor de una tecnología que le permitía fundir las rocas y que le era de gran utilidad para la realización de sus maravillosos trabajos arquitectónicos; entre ellos, cabría destacar las tres ciudades flotantes llamadas Tripura. Hechas de hierro, plata y oro, se encontraban en la Tierra, en el cielo y en el paraíso.

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De nuevo, aparece un grupo de seres capaces de crear proezas tecnólogicas

Estas ciudades eran ricas y prósperas y en ellas habitaban diferentes asuras pero la naturaleza maligna de éstos les costó cara pues acabaron siendo destruidas por una de las manifestaciones de Shiva.

La persistente guerra entre dioses y gigantes es común a las culturas en las que aparecen estas figuras, en una constante lucha por el poder sobre el mundo en la que los gigantes suelen representar aspectos negativos y siempre resultan derrotados. ¿Nos narran los textos antiguos una guerra que tuvo lugar antes de la existencia de la humanidad?

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Shiva el destructor aniquiló las ciudades flotantes de Mayasura

Concluimos citando un fragmento del Bhagavata Purana en el que se describe una de las batallas entre ambos bandos:

‘’El campo de batalla se había cubierto literalmente de las cabezas cercenadas de los héroes. Sus ojos permanecían abiertos, sus labios, mordidos en una ráfaga de rabia. Alrededor pendientes y cascos se hallaban dispersos. Aquí y allá rebanados brazos sujetando diversas armas, piernas y caderas que parecían trompas de elefantes estaban esparcidas. Alrededor de piernas cercenadas, caderas y cuellos de los guerreros y de sus estandartes desgarrados, arcos rotos, armas rotas y ropajes estaban esparcidos’’.

El misterioso elixir de la inmortalidad de los dioses

Los mitos y leyendas de las diferentes culturas y religiones del mundo tienen muchas similitudes, una muy interesante es que siempre nos presentan a unos seres, los dioses, con una notable diferencia con respecto al ser humano, una característica que siempre se ha ansiado: los dioses son inmortales.

Pero, por las referencias a esta singularidad que se hacen en los textos, parece que la inmortalidad era adquirida por los dioses mediante la ingesta de un alimento o bebida ‘’mágicos’’ que les otorgaría el don de la larga vida, en lugar de una propiedad inherente a la esencia de estos seres. ¿Qué sería en realidad este alimento?

En la antigua Grecia se conocía como Ambrosía, palabra que significa literalmente ‘’inmortalidad’’. Una sustancia consumida por los dioses mediante la cual obtenían la inmortalidad y que, entre otros beneficios, era capaz de curar enfermedades y otorgar juventud. Sólo las entidades divinas tenían permitida su ingesta, negándola a los hombres, quienes debían de permanecer mortales. Aunque si algún mortal tenía la fortuna de conseguir el permiso de los dioses para poder probar del codiciado manjar, en ocasiones se convertía en un semidiós o conseguía grandes dotes como una exagerada fuerza física.

La supervivencia de los antiguos dioses parecía depender de la ingesta de esta mágica sustancia.

Aparece por primera vez en esta mitología en el relato del nacimiento del dios Zeus dónde se nos cuenta que esta mágica sustancia proviene de los cuernos de la ninfa Amaltea, que se representaba como una cabra.

Antes de la aparición de la Ambrosía, se menciona que los dioses se alimentaban inhalando los vapores que desprendían los cuerpos de sus enemigos al morir.

Una de las referencias a la ambrosía o néctar, la encontramos en la Ilíada, Canto IV:

‘’Sentados en el áureo pavimento a la vera de Zeus, los dioses celebraban consejo. La venerable Hebe escanciaba néctar, y ellos recibían sucesivamente la copa de oro y contemplaban la ciudad de Troya’’.

Famoso cuadro de Ingres en el que aparece Tetis rogando a Zeus que otorgue la inmortalidad a su hijo Aquiles.

Muy similares son las referencias al alimento de los dioses en la mitología nórdica. Aquí, Idún, una diosa que no había nacido y no moriría, prometió al resto de dioses al llegar a Asgard un bocado diario de los mágicos frutos de la inmortalidad que ella custodiaba. Así los dioses no envejecían ni enfermaban.

Estos frutos, representados como manzanas doradas, eran guardados con mucho celo en un cofre mágico o ‘’eski’’ y no se permitía que ninguna otra raza probara de ellos.

En la sección XXVI del texto Gylfaginning leemos:

«Su mujer es Idún: ella custodia en su cofre de ceniza esas manzanas que los dioses deben probar ya que de no hacerlo, envejecerán; y así todos tornan jóvenes, y así ha de ser hasta el destino de los dioses’’.

Es interesante leer como, en una ocasión, Loki decide robar estos frutos para llevarlos al reino de los gigantes secuestrando a Idún. El resto de los dioses, al verse privados del alimento, comenzaron a envejecer. Así se relata en el Skáldskaparmal:

«Los dioses enfermaron con facilidad debido a la desaparición de Idún, envejecieron y su cabello encaneció. Se reunieron en concilio y preguntaron unos a otros quién fue el último que hubiera visto a Idún’’.

También en la mitología celta se relaciona con la inmortalidad un fruto muy similar representado como una manzana dorada.

Vemos la presencia de esta mágica sustancia en el folklore alrededor de todo el mundo.

En la antigua China son varias las referencias a distintos alimentos divinos capaces de otorgar una extrema longevidad o la inmortalidad. La diosa taoísta Xiwangmu habitaba en un palacio celeste en donde se cultivaban las ‘’hierbas de la inmortalidad’’ y se criaban los ‘’peces de la larga vida’’. En este palacio se reunían los dioses; invitados a los que ella servía los melocotones de la inmortalidad, que crecían en su huerto y que maduraban cada 3.000 años.

En otra vertiente del taoísmo aparecen unos seres conocidos como ‘’los 8 inmortales terrenales’’ cuyas leyendas relatan cómo acabaron consiguiendo el don la inmortalidad. Por ejemplo, Chung Li Chuan dio con el mágico elixir mientras meditaba en las montañas como un premio que le fue otorgado en forma de pastilla guardada en una pequeña caja de jade; otro inmortal, Han Xiangzi, subió al árbol del cual crecían los frutos de los dioses, al bajar ya era inmortal.

En ocasiones, la bebida de los dioses, entre otras características, también tenía la facultad de embriagar, este es el caso del Amrita en el hinduismo, también conocido como Soma en el antiguo vedismo.

En este mito, los dioses estaban perdiendo la inmortalidad por lo que, con ayuda de algunos demonios o ‘’asuras’’, batieron el mar de leche, que rodea el mundo en esta cosmogonía, hasta que dieron con el preciado néctar.

Representación de los dioses hindúes batiendo el océano de leche ayudados por demonios y una enorme serpiente.

En el Rig Veda 8.48.3, se dice:

‘’Hemos bebido Soma y por ello, nos hemos vuelto inmortales, hemos obtenido la luz que los dioses descubrieron. Ahora, ¿qué puede la malicia de nuestros enemigos hacer para dañarnos? ¿Qué? ¡Oh inmortal! Engaño del hombre mortal’’.

Muchas culturas han relacionado la inmortalidad con la luna, así Soma es en India un dios antropomórfico identificado con ella y en lugares como China, Japón y Corea existe la figura del ‘’conejo lunar’’ al que se le representa trabajando en un mortero mientras mezcla el divino elixir; este ser es además el compañero de Chan’e, una diosa que reside en la luna ya que en una ocasión que bebió demasiado elixir, éste le hizo flotar hasta ella.

El alimento de los dioses podría requerir de una preparación previa.

El ejemplo más claro del néctar de la inmortalidad de los dioses y de la incesante lucha del hombre mortal por obtenerlo, aparece en la obra épica más antigua conocida: ‘’La epopeya de Gilgamesh’’. En este relato se presta especial atención a la mortalidad humana frente a la inmortalidad divina.

Gilgamesh, rey de Uruk, era en parte descendiente de dioses y en parte humano. Aun así, era mortal. Este rey severo y en ocasiones déspota, tenía un excesivo afán de gloria y se creía con derecho de nacimiento a gozar de la inmortalidad de los dioses debido a su linaje.

Como respuesta ante las quejas del pueblo, la diosa Ninhursag creó un ‘’hombre salvaje’’: Enkidu, para que tratara de vencer al rey en combate pero, por una serie de acontecimientos, Enkidu y Gilgamesh acabaron convirtiéndose en grandes amigos. Es entonces cuando los dioses decidieron acabar con la vida de Enkidu y la muerte de su querido amigo se convirtió en la motivación de Gilgamesh para la búsqueda de la inmortalidad, para lo cual emprendió un viaje en busca de Utnapistim (en acadio) o Ziusudra (en sumerio) y su mujer. Esta pareja, eran los únicos seres humanos que sobrevivieron al diluvio universal y a quienes los dioses había otorgado la inmortalidad que tanto ansiaba el rey. Muchos personajes intentaron disuadirle de tan atrevida empresa:

‘’Nunca podrás encontrar la inmortalidad, ya que los dioses la reservan para ellos mismos y a los hombres les reservaron la muerte’’.

                                                    Tablillas de Berlín y Londres. Conversación de Gilgamesh con Siduri.

Gilgamesh no podía concebir la injusticia de su mortalidad mientras convivía con seres inmortales.

Cuando, después de muchas aventuras en el devenir de sus viajes, Gilgamesh finalmente dio con la pareja, Utnapistim trató de disuadirle también diciéndole que su intento es inútil. Aunque acabó compadeciéndose y le habló de una planta que se encontraba en el fondo del océano con la capacidad de hacerle joven de nuevo. Un secreto de los dioses.

‘’Una planta, su aspecto es como el de un espino; su púa como la de la rosa silvestre. Si tu mano se hace con esta planta, podrás, con ella, recobrar tu brío’’.

                                                                                                                          Tablilla XI: 283-285

Gilgamesh finalmente encontró la planta pero le fue robada por una serpiente que la devoró y en el momento en el que lo hizo, mudó su piel.

Y una serpiente es también quien tienta a Eva para comer el fruto del árbol prohibido en el jardín del Edén:

‘’Y dijo Jehová: He aquí que el hombre es como uno de nosotros, sabiendo del bien y del mal; ahora, pues, que no alargue su mano y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre’’.

                                                                                                                                                               Gen 3:22

Muy interesante resulta, en este aspecto, el correspondiente sumerio cuando en el mito de Adapa, éste es aconsejado por el dios Enki, su creador, que no aceptara ingerir nada que le fuera ofrecido por el dios supremo Anu; ya que Enki temía que si Adapa el hombre no fuese del agrado de Anu, éste tratara de envenenarle. Todo lo contrario, Anu quedó gratamente impresionado por la nueva creación por lo que ofreció a Adapa la comida y la bebida de la inmortalidad que el hombre rechazó tal y como le fue aconsejado hacer.

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El dios Anu recibiendo a Adapa, el primer hombre.

Referencias a un mágico brebaje o alimento divinos aparecen en una infinidad de textos antiguos y en tradiciones orales de muchas comunidades por todo el mundo. Existen menciones en el zoroastrismo, en el antiguo Egipto, en textos como el Corán y, por supuesto, en la disciplina alquímica que, desde hace siglos, ha tratado de dar con la piedra filosofal y, por tanto, con el ‘’elixir de la vida’’, la eterna juventud y la inmortalidad. Quién sabe si algún estudioso alquimista no acabará lográndolo o, tal vez, los propios dioses, fueron alquimistas ellos mismos.

Resulta curioso como, según el mito, al ser humano se le niega la inmortalidad por orgullo y codicia de los dioses mientras que, en ocasiones, el hombre se ve privado de tal don como castigo por alguna mala acción cometida, o eso es lo que le hicieron creer.

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¿Sería la piedra filosofal una sustancia que pudiera ser consumida por el ser humano?

En cualquier caso, los dioses siguen siendo inmortales a nuestros ojos y el ser humano continúa siendo mortal. No se hace difícil imaginar la rabia que pudo sentir Gilgamesh al ver cómo le era negado algo que para los dioses frente a él, era normal:

«¿Cómo voy a permanecer en silencio? ¿Cómo voy a callarme? Mi amigo, al que amo, se ha convertido en barro, Enkidu, mi amigo, al que amo, se ha convertido en barro.

¿No terminaré siendo como él, y cómo él también yaceré para nunca levantarme por toda la eternidad?’’.

                                                                                                                                      Tablilla X: 67-71

¿Era el reino del Preste Juan parte de la Atlántida?

No son pocos los relatos que describen ciudades utópicas o paraísos terrenales que se han venido narrando a lo largo de la historia.

Leyendas como la de la ciudad del Dorado, el continente de la Atlántida, la tierra de Lemúria o el Reino de Agartha.

En la Europa medieval tuvo gran popularidad la leyenda sobre las maravillosas tierras que se encontraban bajo los dominios del Preste Juan, de quien se decía era descendiente de los Reyes Magos de Oriente y que, siempre al servicio del cristianismo, gobernaba su reino de manera gentil y sabia. Era ‘’Rex et sacerdos’’, Rey y sacerdote.

Con las precarias condiciones de vida que se daban en la Europa del siglo XII y encontrándose a la fe cristiana en la guerra de las cruzadas, no es de extrañar que los relatos acerca del magnífico reino del Preste Juan tuvieran una fuerte acogida y que un gran número de aventureros partieran en busca de esas fantásticas tierras de las que habían oído hablar aunque nunca fueran encontradas.

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¿Quién era en realidad este enigmático personaje tan popular?

En 1165 comenzaron a circular por todo el continente europeo copias de las cartas atribuidas al sacerdote regente que se tradujeron a varios idiomas y que estaban dirigidas al Papa Eugenio III, al gobernador de Bizancio Manuel I Comreus y al Emperador del Sacro Imperio Germánico Federico Barbarroja.

Una de estas misivas, la destinada al emperador bizantino, comienza del siguiente modo:

‘’El Preste Juan, por virtud y la gracia de Cristo Jesús, rey de todos los reyes cristianos y Señor de todos los hombres de la Tierra, salud y gran amor envía al muy gentil Emperador, defensor de Constantinopla. Sabed que le desea salud para que prevalezca y conquiste grandes riquezas (…) Soy Señor de los Señores y supero en toda suerte de riquezas a las que hay bajo el cielo, así como en virtud y en poder a todos los reyes del universo mundo. Setenta y dos reyes son tributarios nuestros. Cristiano devoto soy y a los cristianos pobres que, en cualquier parte de hallan bajo el imperio de Nuestra Clemencia, los protejo’’.

¿Quién era este misterioso personaje con tales pretensiones? Gobernante de una nación aislada del que algunos cronistas afirman que pudo vivir más de 500 años gozando del don de la larga vida otorgado a las más importantes figuras del antiguo testamento.

En sus cartas, el admirado sacerdote, invitaba a tan magnos dignatarios a que visitaran sus dominios, indicaba su deseo de conquistar Jerusalén, describía sus tierras y detallaba la vasta variedad de frutos que producían, afirmaba poseer como reliquia cristiana, el cuerpo momificado de Santo Tomás todavía capaz de realizar milagros y presentaba sus exuberantes palacios así como los diferentes seres sobrenaturales que habitaban el reino.

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Ejército cristiano en las cruzadas por la Tierra Santa

En estas tierras paradisíacas no existía la pobreza ni el hambre, gozaban de una abundancia exagerada en cuanto a oro y piedras preciosas. Encontramos ríos edénicos de miel y leche, desiertos y grandes bosques habitados por todo tipo de míticas criaturas y otras razas de seres. Se describían indomables monstruos devoradores de hombres y otras bestias fieles a su gobernante como centauros o unicornios. No faltaban en este casi enciclopédico bestiario medieval, los gigantes, los cíclopes o el ave fénix. También se hacía mención a las amazonas y a diferentes razas de criaturas semihumanas.

Describía sus portentosos palacios con suelos de cristal, columnas de oro y techos recubiertos por un sinfín de piedras preciosas cuyo fulgor era tal que no hubieran tenido la necesidad de emplazar vanos en los muros que abrieran la entrada de luz al interior. Uno de estos palacios, decía, albergaba un maravilloso artefacto descrito como un espejo de grandes dimensiones que mostraba todo lo que acontecía en su reino.

El digno Preste, se afirmaba también poseedor de la fuente de la eterna juventud de la que podían gozar todos sus súbditos y manifestaba estar convencido de la existencia de un vínculo entre el oro y la longevidad, tan presente en los textos alquímicos.

Sus enigmáticas cartas, estaban plagadas de referencias alquímicas y mensajes crípticos. Simbología y numerología que se hacía patente en la gran cantidad de detalles numéricos que refería: descripciones de sus ejércitos, número de soldados, cantidad de armamentos, devenir de las batallas acontecidas, etc.

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Toda Europa trataba de encontar el mágico reino

Se buscaba por todas partes el magnífico país y se intentaba dar con su misterioso gobernante pero no existen registros de que nadie hubiera sido capaz de dar con sus lindes.

En un principio se pensó que se localizaba en la India para, más tarde, pasar a creerse que se situaba en algún punto de Asia central. Los portugueses, por su parte, creyeron haberlo encontrado en Etiopía. Se intentó representar el mágico reino en varios mapas hasta que, por la imposibilidad de conseguirlo, comenzó a pensarse que podía hallarse bajo tierra.

Paraíso terrenal que revolucionó a toda Europa entre los siglos XII y XVII tal vez la descripción de un mundo intraterreno o tal vez la reminiscencia del jardín del Edén en el inconsciente colectivo.

Parece muy probable que la difusión de estas maravillosas cartas obedeciera a fines propagandísticos cristianos que, al modificar algunos antiguos mitos paganos y cristianizándolos (práctica común) se pretendiera, por ejemplo, ganar el apoyo popular en las ya emprendidas cruzadas por la Tierra Santa o quién sabe para qué otras posibles intenciones.

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Representación griega de una ciudad subterránea

Puede que el relato original albergara algo de verdad o que en realidad, todo fuera una fabulación que escondía, de manera críptica, un mensaje secreto con algún enigmático propósito.

No sabemos si tan fabuloso protagonista existió realmente pero su figura se identificó con la de Juan el Apóstol ya que muchos piensan que nunca murió a causa de lo retado en Juan 21: 21,23 refiriéndose al mismo Juan:

‘’Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de este?

Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú.

Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría, sino:

Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?’’.