Encuentros con los hombres de negro – El caso de Herbert Hopkins

La siniestra figura de los hombres de negro viene siendo relacionada con el fenómeno OVNI desde los años 50. Estos misteriosos hombres se presentan ante los testigos de un incidente OVNI o ante investigadores que parecen haber ido demasiado lejos y les instan a guardar silencio de forma intimidante.

Los encuentros de los que tenemos constancia parecen, a priori, ser una pequeña muestra de la vasta cantidad de visitas que deben efectuar ya que, en muchas ocasiones, estos agentes se presentan ante los testigos en un período de tiempo muy corto después del avistamiento. Se han dado incluso situaciones en las que intervienen casi simultáneamente con el evento no dando pie a los sorprendidos testigos a comprender la situación ni mucho menos a transmitir a nadie su experiencia antes de su visita.

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Por otro lado, estos hombres de negro, que no suelen identificarse ni portan sobre ellos símbolos o insignias de ningún tipo, parecen conocer hasta el más ínfimo detalle de la vida de aquellos a los que deciden visitar, dando a entender que tienen acceso a cualquier fuente de información, tanto pública como privada y normalmente aparecen cuando esa persona, objeto de su atención, se encuentra sola.

Representando el estereotipo iconográfico de agentes de un servicio secreto, los misteriosos agentes son en la mayoría de las ocasiones confundidos con ellos y, con una apariencia inmaculada, siempre aparecen vistiendo traje, chaqueta, zapatos, corbata y sombrero de color negro, todas las prendas impolutas y perfectamente planchadas. De hecho, varios testigos coinciden en apuntar que las prendas que visten parecen recién compradas.

Manifiestan un carácter muy rígido en sus conversaciones, autoritario, frío e intimidante. Sin expresión en sus facciones y sin emoción en sus palabras.

Aunque ciertos detalles varían dependiendo del encuentro, el patrón común en la descripción de los hombres de negro parece ser el anteriormente expuesto.

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El caso que se presenta a continuación, relatado por Herbert Hopkins, resulta perfecto para exponer un ejemplo del típico encuentro con un hombre de negro.

El Sr. Hopkins es un reputado doctor que a la edad de 58 años se encuentra realizando la labor de consultor para un caso en el que un OVNI había tenido relación con un evento de teletransportación en suelo estadounidense durante el año 1976.

Una tarde que se encuentra solo en su domicilio recibe una llamada telefónica de un sujeto que se identifica como el director de la Asociación para la Investigación Ufológica de Nueva Jersey (organización que más tarde se comprobaría inexistente), quien le solicita un encuentro en persona en el que poder discutir los detalles de la investigación en la que el Dr. Hopkins participa. Éste no lo duda un momento y le da a su interlocutor una respuesta afirmativa. Tras colgar, el doctor sale al porche de su vivienda con la intención de dejar la luz encendida para su repentina visita, sin embargo se importuna al descubrir que un hombre ya estaba subiendo los pequeños escalones de su porche. No hay ningún coche aparcado en los alrededores que justifique la rápida respuesta de su invitado y, en una época en la que todavía no han aparecido los teléfonos móviles, tampoco hay ninguna cabina telefónica en las cercanías que haya permitido al visitante personarse casi instantáneamente en la vivienda del doctor justo instantes después de haber realizado la llamada telefónica.

Haciendo caso omiso a su sentido común el doctor invita al extraño a entrar en su casa aunque se percata de la singular reacción de su perro que no deja de ladrar nervioso al desconocido hasta que huye a esconderse en un armario.

El sujeto viste de forma apropiada para un hombre de negro: completamente del representativo color a excepción de la camisa, que contrasta en color blanco y los guantes de ante gris. Al entrar se quita el sombrero dejando al Dr. Hopkins apreciar su completa falta de pelo en cabeza y cejas y su tez de un pálido enfermizo.

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Un detalle que llama poderosamente la atención del extrañado doctor es que los labios de su desconocido interlocutor son de color rojo brillante. Mientras conversan, el hombre de negro roza, en un ademán de la mano, uno de los guantes contra los labios y el doctor puede apreciar perfectamente como el pigmento de la cara se queda en la tela gris que le cubre una de las manos. Se revela así la carencia de labios de este sujeto en una boca que casi parece simplemente una línea perfilada.

Cuando Hopkins termina de poner al extraño sujeto al día en los detalles del evento del estudio que les ocupa, éste le indica al doctor que posee dos monedas dentro de uno de sus bolsillos. Hopkins se sorprende en gran medida ante la exactitud de la afirmación y a continuación se le solicita que muestre una de ellas. El doctor, obediente, le muestra a su invitado un penique sosteniéndolo en la palma de la mano. Sin tocarla, el visitante le indica que mire fijamente la moneda y, mientras lo hace, ésta resplandece unos momentos para desenfocarse de su visión y comenzar a desvanecerse en su propia mano, poco a poco, hasta desaparecer por completo.

Ante la sorpresa de su anfitrión, que no puede creer lo que acaba de ver, el extraño invitado afirma que ‘’esa moneda no volverá a ser vista jamás en este plano’’. A continuación le da a entender al doctor que ha de destruir cualquier información relacionada con el objeto de su estudio y cuyos detalles habían estado discutiendo escasos momentos antes.

El doctor está intrigado por el suceso que está viviendo y que raya casi en lo absurdo. Mientras el desconocido habla se hacen cada vez más evidentes unos inusuales cambios en la intensidad y la entonación de las oraciones, realizando picos exagerados en extremos opuestos hasta que el hombre vestido de negro pronuncia la siguiente frase: ‘’Mi energía se agota, debo irme, adiós’’.

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Tras esto se dispone a marcharse bajando las escaleras del porche de forma infantil, llevando un pie y luego el otro al mismo escalón cada vez, en lugar de bajar uno tras otro.

Desde el interior de su casa el perplejo doctor presencia la aparición de una extraña y brillante luz a la altura de la carretera de color azulado. Su extraña visita había desaparecido sin dejar rastro alguno y ningún coche había pasado en una dirección u otra.

Hopkins trata de procesar lo que le acaba de suceder. No se siente seguro, por lo que busca su pistola y la deja sobre la mesa de la cocina, ante la que se sienta a tratar de tranquilizarse. Pronto decide obedecer al hombre de negro y destruye todo el material que había desarrollado en su investigación.

Cuando su familia llega a casa y, después de que el doctor les hubiera puesto en antecedentes, deciden salir al camino que pasa por enfrente de la casa, linterna en mano, donde descubren unas extrañas marcas en el asfalto, demasiado grandes como para que un vehículo de tal tamaño hubiera podido llegar hasta allí teniendo en cuenta el tamaño de las vías de acceso a la zona. A la mañana siguiente, cuando vuelven a comprobarlo, las marcas ya han desaparecido.

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Pero las situaciones inusuales no acaban con el encuentro. Tras éste, el doctor comienza a recibir llamadas telefónicas en las que al descolgar, sólo encuentra ruido estático al otro lado de la línea y sobre las que la compañía telefónica afirma que no existe ningún problema.

Una visita singular que ilustra uno de los muchos encuentros con estas misteriosas figuras que manifiestan un absoluto interés en silenciar la transcendencia de este misterioso fenómeno.

Como es habitual, cada caso, además de aportar nueva información, deja más preguntas a su paso que respuestas si bien resulta innegable que las entrevistas que realizan estos ‘’silenciadores’’ provocan gran terror en testigos e investigadores que, consecuentemente, optan por obedecer y guardar silencio.

Las situaciones de las que tenemos registro son aquellas en las que las personas a las que se ha pretendido intimidar se han decantado temerariamente por no seguir las órdenes impuestas por estos sujetos cuando han conseguido armarse de valor para hablar al cabo de los años. Sin embargo no tenemos ninguna referencia acerca de lo que les haya podido suceder ni qué medidas se hayan podido tomar contra aquellos que hayan tenido la osadía de hacer transcender esta información. Tal vez nunca lo sepamos.

El misterioso fenómeno de las luces Min Min australianas

El fenómeno Ovni se presenta en una infinidad de formas diferentes en cuanto a forma, movimientos, ocupantes e intenciones; pero con una característica común en todos los casos: su interés en el ser humano.

Hoy vamos a estudiar una de las manifestaciones más peculiares de este fenómeno que viene apareciendo en el continente australiano desde hace varios siglos: ‘’Las luces Min Min’’.

Los avistamientos de estas extrañas luminarias se dan por toda Australia aunque su presencia resulta más usual en la zona oriental, sobretodo en la región de Queensland, y más concretamente, en la ciudad de Boulia. Una tierra desértica, seca y de elevadas temperaturas en el interior del país en la que estas luces son tan conocidas por sus habitantes que incluso existe un museo dedicado a las mismas.

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Las luces Min Min son vistas frecuentemente en la región oriental australiana.

Los testigos de los diferentes encuentros con las luces Min Min las has descrito en una gran variedad de formas, normalmente son redondas y no de gran tamaño aunque, en ocasiones, han sido vistas con forma de disco de difusos contornos. Acostumbran a emitir una luz blanca o pueden cambiar de color intermitentemente del rojo al verde o al azul. Pero su característica más representativa es la gran potencia con la que iluminan el entorno arrojando sombra sobre los objetos circundantes ya que siempre aparecen durante la noche. Se presentan individualmente, en parejas e incluso, han llegado a verse cientos de ellas en el mismo lugar. No suelen levantarse más de un metro sobre el suelo aunque se las ha podido observar en el cielo realizando movimientos oscilantes de arriba abajo. Interactúan con sus observadores ya que se aproximan a ellos y, en la mayoría de los encuentros, los siguen durante buena parte del camino. Se han dado casos en los que han llegado a perseguir a testigos durante cientos de kilómetros por las poco transitadas carreteras australianas para después desvanecerse casi instantáneamente. Se desplazan en línea recta o describiendo movimientos serpenteantes a corta distancia del suelo.

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Aunque se las ha visto en multitud de formas, estas curiosas luces redondas y pequeñas revolotean persiguiendo a sus testigos.

Encontramos historias sobre encuentros con estas extrañas luces nocturnas en el folklore aborigen antes de la llegada de los europeos al continente, si bien el número de avistamientos documentados se incrementó drásticamente desde la llegada de los exploradores a principios del siglo XVII.

Sabemos que las palabras Min Min, que denominan al fenómeno, proceden de la lengua aborigen australiana aunque se piensa que adquirió su nombre a raíz de uno de los primeros casos documentados de uno de los encuentros con estas luces espectrales.

En la edición del 2 de Marzo de 1941 del periódico local ‘’Sunday Magazine’’ se documenta un caso en el que un ganadero de la zona cuenta como vio aparecer una de estas luces en el centro del cementerio de la localidad en la que se encontraba de paso montando a caballo y de camino a un pueblo cercano. Se percata de que la luminiscencia comienza a seguirle mientras pasa cerca del hotel Min Min cuyo nombre bautizaría el fenómeno y, aterrorizado comienza a galopar tan rápido como puede tratando de dejar a la luz atrás. El intento resulta en vano pues la insistente luz no se separa de él sin importar la velocidad así que el temeroso ganadero decide dar media vuelta y retornar al pueblo del que había partido. Su inusual compañero de viaje, no le deja hasta que se aproxima a las afueras de la población. Al llegar, se dirige directo a la comisaría de policía a la que entra histérico relatando el evento.

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Página del Sunday Magazine en la que aparece el artículo haciendo mención al caso de las luces Min Min y detalle del mismo.

Desde entonces, el número de avistamientos reportados no ha cesado y han sido vistas por todo tipo de personas del más amplio rango de edades, razas, religiones y profesiones.

Resulta curioso como estos orbes de luz manifiestan cierto tipo de inteligencia al presentarse ante sus asombrados observadores y perseguirlos por todo tipo de caminos y recorridos y decidiendo cuál es el momento propicio para esfumarse, acción que llevan a cabo de forma realmente interesante.

Relata Henry Lamond acerca de su encuentro con una luz Min Min en 1912, que avanzaba decididamente hacia él y cómo se desvaneció ante sus ojos:

‘’De pronto, menguó y se extinguió a lo lejos. No se apagó de golpe. Su desaparición pareció más el oscurecimiento gradual de los hilos de una bombilla’’.

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El fenómeno es conocido en toda Australia atayendo a turistas a las zonas en donde los avisamientos son más frecuentes.

De sobra conocido, este fenómeno fue estudiado en el programa ‘’The extraordinary’’ emitido en la televisión australiana. Entre otros casos, se expuso el relato de un guía turístico que contaba cómo, mientras conducía llevando con él a un grupo de 12 personas, aparecieron dos luminarias ante el vehículo en la carretera. Eran realmente brillantes y su fulgor no permitía al conductor apenas abrir los ojos. En el último momento y consciente de que se dirigían hacia ellos en línea recta, decidió dar un giro brusco para tratar de evitar la colisión. Esto no pareció tener ningún efecto ya que en ese mismo instante las luces chocaron contra el coche. Tras el impacto, el guía bajó del vehículo para inspeccionar los daños pero no encontró nada.

‘’Mientras chocábamos, desaparecieron, simplemente se vaporizaron’’

Muchos testigos, al exponer sus encuentros, relatan haber sido conscientes de una intensa sensación de estar siendo observados y en la gran mayoría de los casos, se han dejado llevar por el temor de encontrarse ante la presencia de lo desconocido, de aquello para lo que no tienen una explicación lógica, llegando a darse casos, en los que los testigos han decidido abrir fuego contra las luces movidos por el pánico, por supuesto, sin resultado alguno. Pero pese a las reacciones de pavor de los observadores de estas luces, el fenómeno no resulta a priori dañino para el ser humano, si bien se aproxima a las personas no parece que lo haga en actitud amenazante sino que da la sensación de que actúa movido por una curiosidad casi infantil.

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¿Cuál es la intención de estas luminarias?

Curiosas luces cuyas descripciones se asemejan a las de los famosos ‘’Foo Fighters’’ que volaban acompañando a los pilotos de ambos bandos durante la Segunda Guerra Mundial y que también presentaban la forma de esferas lumínicas.

Para concluir, destacaremos la creencia de la tribu aborigen de lo Kalkadoon:

‘’Si la luz te atrapa, desapareces’’.

Selkies, los increíbles seres metamórficos de ultramar

El ser humano siempre ha gustado de contar historias, de ahí que todavía contemos con el amplio repertorio de leyendas que compone la mitología de cualquier cultura.

Uno de los aspectos principales de las leyendas son sus protagonistas pues en la mayoría de las narraciones nos encontramos con historias cuyos personajes son seres que parecen venidos de otros mundos, tan fantásticos que parecen romper las barreras de la imaginación de los seres humanos.

En este caso nos vamos a centrar en unos personajes que, aunque poco conocidos, resultan habituales en las leyendas del folklore de Irlanda, Escocia, las islas Feroe e Islandia. Estos personajes son las Selkies, unos seres mitológicos representados con forma de foca que habitan en las frías aguas cercanas a las tierras de donde parte la leyenda. Pero estas ‘’focas’’ tendrían la habilidad de que, deshaciéndose de su piel de foca, obtendrían forma humana y la capacidad de caminar entre los hombres. Metamorfismo animal en diferentes países.

También se conocen, dependiendo del lugar, con el nombre de silkies, selchies o selchidh. En cualquier caso, la raíz de estas palabras puede guiarnos hasta su origen en el escocés o el inglés antiguo significando siempre lo mismo: foca.

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 Los selkies en un grabado de la mitología céltica con la mujer y la foca entrelazadas

Estos peculiares seres, según su género, podrían convertirse en hombres o en mujeres y se cuenta que en su forma humana son realmente atractivos y con grandes dotes de seducción; tanto es así que se ha querido hacer de ellos maridos o esposas. El saber popular dice que si quieres atraer a un hombre selkie tendrás que llorar y verter 7 lágrimas en el océano para que aparezca. Por otro lado, si quisiéramos dar con una mujer selkie, el proceso sería algo más complicado pues siempre ha requerido algo más de trabajo el ‘’conquistar’’ a un ser hembra de este tipo.

En este caso habríamos de esperar a que se diera la oportunidad de hacernos con la piel de foca de la Selkie mientras ésta estuviera realizando algún quehacer en forma humana, por ejemplo tomando el sol en la orilla, pues sin su piel de foca ella no podría retomar esta forma y permanecería fielmente a nuestro lado, aunque siempre añorando el mar. Pero atención: la piel de la Selkie deberá ser guardada a buen recaudo pues si algún día ella consigue reencontrarse con ella no se lo pensará dos veces antes de retornar al océano, sin importar el tiempo que hubierais compartido juntos, ni tan siquiera si deja hijos en tierra. Si bien se cuenta en algunos relatos que a veces vuelven para jugar con sus hijos a la orilla del mar en determinadas ocasiones.

Los relatos varían ligeramente dependiendo de la zona. Por ejemplo, en Gales la naturaleza de las Selkies es un tanto diferente ya que su forma primigenia sería la humana, con la habilidad de transformarse en animal acuático. Serían una especie de humanos que habrían encontrado la manera de volver al mar. También, en otras regiones, se pensaba que eran la encarnación de las almas de las personas que se había perdido en el mar.

Las leyendas de estos seres han inspirado a muchos artistas

 Este tipo de seres está presente en la mitología de varios países

Normalmente, las historias tienen un final trágico que se suele dar cuando los hijos del matrimonio humano-selkie casualmente encuentran la piel selkie de su progenitor, normalmente la madre, y ella no puede evitar la llamada del mar por lo que abandona a su familia para volver con su pueblo dejándolos descorazonados. Afortunadamente también existen narraciones con un desenlace más alentador en los que, por ejemplo, después de varios años de matrimonio cuando el selkie encuentra su piel y puede volver al mar, no quiere separarse de su pareja humana por lo que la convierte en selkie también, y ambos desaparecen en el mar.

En el relato titulado ‘’The Goodman O’ Wastness’’ se cuenta como Goodman, el protagonista, era un hombre que, a pesar de ser pretendido por varias mujeres, no tenía ningún interés en casarse. Hasta que un día en la playa da con un grupo de mujeres Selkies en forma humana que estaban tomando el sol dejando sus pieles de foca en la arena. Al verle, todas cogieron sus pieles y rápidamente volvieron al mar excepto una de ellas pues Goodman fue lo suficientemente rápido como para hacerse con su piel. La selkie le rogó al hombre que le devolviera su mágica piel para poder volver al mar y aunque Goodman, enternecido por la súplica estuvo a punto de hacerlo, en ese momento quedó prendado de la belleza de la Selkie y decidió conservar la piel para así, conservar a la mujer. De este modo la Selkie, ahora humana, se convirtió en la mujer de Goodman. Era fiel y amable y juntos tuvieron 7 hijos. Un día que Goodman salió a pescar con sus hijos varones, la mujer Selkie buscó por toda la casa su piel de foca y al no encontrarla, una de sus hijas le dijo donde se guardaba ya que, en una ocasión que fingió estar dormida, vio como su padre la sacó de su escondite para admirarla y después volverla a guardar.

En un estallido de emoción la Selkie se despide de sus hijas y desaparece. Al final del relato, Goodman volviendo de pescar, se encuentra en la playa con ella y con un hombre Selkie que la acompañaba. La Selkie, ya en forma de foca y con lágrimas en los ojos se despide de Goodman con las siguientes palabras: ‘’Adiós Goodman de Wastness, adiós. Te he querido porque eras bueno conmigo, pero quiero más a mi marido del mar’’

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 La belleza de estos seres siempre iba acompañada de la capacidad de cambiar su aspecto.

Pero, ¿cómo es el carácter o la personalidad de las Selkies en este mito? Según los diferentes relatos en los que se habla de ellos, no habría gran diferencia comparándolos con el ser humano. Encontramos relatos de Selkies fieles a sus maridos aunque no los amen; también Selkies que se sacrifican por aquella persona a la que aman aun sabiendo que no la volverán a ver a raíz de dicho sacrificio; Selkies que complacen a mujeres cuyos maridos se echaron a la mar y nunca volvieron y Selkies que persuaden a los hombres para engañarlos y ahogarlos en las aguas.

Como dato curioso diremos que existe documentación de familias que orgullosamente decían ser descendientes de alguna de estas criaturas tras su encuentro con algún humano.

Parece que en aquellos lugares cercanos al mar surgen historias relacionadas con el mismo. Es interesante ver cómo estas Selkies no se encuentran únicamente en estas regiones, sino que encontramos seres parecidos en el folklore sueco o en puntos tan lejanos como en la mitología chilota, del archipiélago de Chiloé, al sur de Chile.

Los chilotas, por ejemplo, contaban las historias de Milalobo, un ser mitad lobo marino y mitad humano, que surgió del encuentro de una mujer con una foca. Por supuesto no nos olvidamos de su paralelismo con la figura de las sirenas, seres mitad humano y mitad pez que habitan en el mar, pero la principal diferencia con las Selkies es que éstas serían seres metamórficos con la habilidad de cambiar su cuerpo, en lugar de seres híbridos como las sirenas.

En este aspecto, la criatura mitológica que más se asemeja sería la ‘’Swan Maiden’’ o ‘’Dama Cisne” en su traducción literal. Este ser, sería un cisne con la habilidad, al igual que las Selkies, de convertirse en humano, a las que algunos intrépidos conseguían hacer sus esposas tras robarles su abrigo de plumas. Y repitiendo la historia, estas damas cisnes desparecerían sin remordimientos y dejando a sus hijos atrás si fortuitamente daban con el paradero de su piel emplumada.

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No deja de ser inquietante del gran número de personajes metamórficos que podemos encontrar en las historias de diferentes culturas alrededor de todo el globo e interesante el hecho de que las Selkies, aunque capaces de cambiar de forma, dependían para ello enteramente de un objeto: su piel. Nos encontramos ante un ser mitológico que en lugar de ser aterrador y tremendamente poderoso, como suele ocurrir, es en la mayoría de ocasiones sumiso a los designios del ser humano. ¿Qué eran las Selkies realmente?

El mar siempre ha infundido atracción y respeto en el ser humano, tal vez por lo ignoto de lo que alberga. Quizás el inconsciente colectivo albergue recuerdos de seres que emergían de él, ya que no son pocas las historias que hablan de seres apareciendo del mar. ¿Cuál es el origen de estas historias?

‘’Oh hermoso hombre, si hay alguna piedad en tu seno humano, devuélveme mi piel selkie. No puedo vivir en el mar sin ella. No puedo vivir entre mi gente sin mi piel selkie’’

Relato «The Goodman o’ Wastness«

 

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