5 Historias de increíbles vórtices temporales

En ufopolis adoramos las historias asombrosas de viajes en el tiempo y anomalías espacio-temporales y hoy traemos una curiosa recopilación de cuatro de ellas. Cambios en la realidad, desaparición de personas y lugares y distorsiones en lo que llamamos «realidad» confluyen en estos ejemplos que podrían indicarnos la existencia de una especie de simulación de todo lo que nos rodea. Esperamos que las historias sean de su agrado.

1. Nicola en abril del año 2004 en Gran Bretaña.

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Este es el testimonio: «Esto tan extraño que me pasó, ocurrió el 15 de marzo de 2004. Terminé de trabajar a las 4 de la tarde y estaba esperando en un lado de la calle en el semáforo para cruzar. Siempre tardaba mucho aquel semáforo y aquel día no era diferente.  Miré para la izquierda el tráfico que venía a la velocidad de siempre cuando de repente, simultáneamente todos se ralentizaron a la vez. No era como si estuviesen todos deteniendo su marcha, no, era como si el tiempo se hubiera ralentizado, literalmente. Miré a la derecha y el tráfico estaba pasando a la velocidad normal. Miré a la izquierda y todo se movía a cámara lenta. Entonces, todos los coches al unísono se pusieron otra vez en «modo normal». Me tuve que sentar por la impresión que me dio lo que acababa de ver, perdiendo tres turnos de semáforo, preguntándome qué demonios había pasado.»

2. Daisy en septiembre de 2005

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Testimonio de Daisy: «Antes de mi extraño encuentro era una auténtica escéptica en todo lo que se llama «paranormal» pero mi amigo Rick era lo que llamaríamos como un «creyente» en todo eso. Todo comenzó cuando Rick y yo fuimos a la casa de un amigo en Septiembre de 2005. Estábamos viajando en la vieja furgoneta de Rick (que le encantaba) y el viaje fue bien durante los primeros 45 minutos. De repente el motor del camión se paró y nos quedamos tirados en medio de la carretera totalmente a oscuras. Tratamos de hacer arrancar el motor en vano y salimos a echar un vistazo al capó del vehículo para ver qué era, pero nada parecía funcionar. No teníamos teléfono móvil así que decidimos finalmente dejar ahí la furgoneta ante el infortunio y caminar hacia el pueblo más cercano que se encontraba a unas dos millas (3.8 kilómetros aproximadamente) para encontrar una cabina y llamar desde allí.»

«Caminamos durante lo que nos parecieron horas y no conseguimos ver el pueblo aunque éste debía estar ahí. Pero no estaba. Justo cuando estábamos empezando a desesperarnos y a agobiarnos por no encontrar lo que era evidente que tenía que estar ahí, vimos una luz, una inmensa luz brillante sobre una de las cuestas del camino. Corrimos hacia allí y nos quedamos absolutamente anonadados ante lo que nos encontramos.»

«Sobre la colina, Rick y yo vimos lo que solo podría ser descrito como una ciudad futurista con luces saliendo de miles de ventanas en torres y edificios metálicos gigantescos.  En el medio de aquella ciudad futurística vimos un edificio circular metálico. Me quedé allí viendo aquel espectáculo asombrada, hasta que Rick me tocó el brazo y me señaló al cielo. Sobre el cielo de aquella increíble urbe había centenares de artefactos voladores. Uno de ellos voló sobre nosotros a una velocidad impresionante. Rick y yo nos asustamos tanto que nos dimos la vuelta y corrimos y corrimos hasta llegar al camión que se nos había averiado. No volví a mirar para atrás, pero sentí que algo o alguien nos había observado durante todo el camino de vuelta. Cuando volvimos al vehículo, arrancó sin dificultad y Rick y yo nos fuimos como alma que lleva el diablo en dirección opuesta. Nunca volvimos a aquel lugar ni volvimos a hablar de aquello y yo nunca lo comenté a nadie hasta escribir estas líneas.»

3. El caso Goddard, 1935

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1935. Sir Victor Goddard, comandante de la Real Fuerza Aérea Británica tuvo una extrañísima experiencia en su avión biplano Hawker Hart. Goddard se encontraba pilotando su avión y yendo desde Edimburgo, Escocia hasta Andover, Inglaterra y decidió coger la ruta en la que volaba sobre el aeródromo abandonado de Drem, no muy lejos de Edimburgo.

Aquel sitio estaba abandonado, cubierto de vegetación, con las puertas de los hangares medio derruidas y vacas pastando entre las ruinas de los restos de varios aviones de combate, en las pistas donde antes se hacían los despegues. Goddard estaba a punto de pasar por el aeródromo para seguir su vuelo hacia Andover pero de repente entró en una rarísima tormenta que se formó delante de él. En la parte superior de sus alas pudo ver como se formaban unas extrañas nubes de color amarillento que le dejaron boquiabierto y acto seguido perdió el control de su avión, comenzando a caer en espiral.

Esperando su caída inminente hacia la muerte, de repente el avión se enderezó, la tormenta se disipó y Goddard pudo ver un precioso amanecer que no tenía ningún tipo de sentido, pero lo más raro fue cuando observó el aeródromo de Drem porque éste parecía completamente diferente. Había aviones y parecían como nuevos. Estaban sobre el terreno; tres de ellos le sonaban, eran biplanos como el suyo pero estaban pintados de amarillo. El otro era un monoplano cuyo modelo no había visto en toda su vida. También pudo ver a los mecánicos que iban vestidos con un mono azul a diferencia de sus habituales colores marrones. Ninguno de los mecánicos se fijó en su aparición, lo cual también le pareció extraño.

Cuando terminó de sobrevolar toda la instalación ganó altura y volvió a encontrarse con la extraña tormenta, volvió a salir de ella, siguió su vuelo y aterrizó en Andover donde contó su curiosa experiencia. Lo raro es que los monos de los obreros, la pintura de los aviones y el monoplano no se impondrían como norma hasta 1939, es decir, cuatro años después en el tiempo. El aeródromo también fue reacondicionado aquel año y no antes.

4. El caso Rios
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El Doctor Raul Rios Centen le comentó al autor Scott Corrales una historia sobre una de sus pacientes,de 30 años con un caso severo de hemiplejia (parálisis total de una parte de su cuerpo). Las increíbles declaraciones de la mujer fueron las siguientes:

«Estaba en un campamento en los alrededores de Markahuasi, un famoso bosque de piedra localizado a 35 millas al este de Lima, en Perú. Salí a explorar el terreno por la noche con algunos amigos y me quedé un poco rezagada. De repente escuché unas notas musicales y me di cuenta de que había una especie de cabaña de piedra iluminada en el camino. Pude ver a gente bailando dentro, pero cuanto más me iba acercando más frío iba sintiendo. Lo extraño fue que los atuendos de aquella gente que bailaba era del siglo XVII. Traté de entrar allí pero de repente una de mis amigas me sacó de allí cuando casi había entrado dejando la mitad de mi cuerpo fuera.»

Cabe destacar que la mitad que entró fue la que se quedó finalmente con parálisis y con un funcionamiento anormal en la actividad de las ondas cerebrales.

5. Phil T.

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Ocurrió en Verano de 1978. Este señor estaba trabajando como vigilante nocturno en un pupitre del centro de visitantes del Gran Cañón de Colorado. En su trabajo se les asignó dependencias similares a los cuartos de las hermandades universitarias como parte del pago por su trabajo.

Una tarde, el compañero de habitación de Phil T. se levantó y se fue al baño intentando no hacer ruido para no despertarle. Phil lo vio con el rabillo del ojo, pero también se dio cuenta de que a los pies de su cama había otro hombre que estaba en frente de él totalmente asombrado ante lo que estaba viendo.

Pensando que era un nuevo empleado que se habría perdido o al que le habrían dicho que ésta era su habitación por error, cosa que solía pasar, se levantó para preguntarle si se había perdido. Este hombre se desvaneció completamente delante de él.

Phil T. le preguntó a su compañero de habitación si había visto algo pero resultó que no había visto nada. Lo increíble fue que Phil se dio cuenta de que él también se estaba desvaneciendo para aquel hombre que estaba delante de él. Es decir, aquel señor también se preguntó quién estaba en su cama desvaneciéndose delante de él.

Fascinantes relatos y siempre la pregunta de si la realidad que nos rodea es realmente lo que creemos que es. ¿Creéis que es posible viajar en el tiempo? ¿Por qué pasa este tipo de incidentes de forma aparentemente aleatoria? ¿Dónde está el límite entre los defectos del funcionamiento de esta lente y estas anomalías? Os esperamos en los comentarios.

 

¿Tiene el martillo de Kingoodie 140 millones de años?

 

Los ooparts, esos objetos fuera de su tiempo que tanto interés generan en las redes sociales tienen uno de sus máximos exponentes en un hallazgo realizado en 1844 por Sir David Brewster en la cantera de Kingoodie, en Mylnfield, Escocia. Era aquel un yacimiento y una zona que ya había sido tocada por un halo de misterio con los hallazgos de las esferas imposibles de Scara Bae en Orkney que estuvimos estudiando en ufopolis hace dos años y que mostraban una inusual geometría similar a las de las estructuras atómicas de diversos elementos químicos. Algo imposible, pero aún más imposible es encontrarse no muy lejos de allí con lo que parece ser una herramienta como un martillo de hace ni más ni menos que 140 millones de años.

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Una imagen del increíble hallazgo.

Teniendo en cuenta que los seres humanos, o más bien, nuestros antepasados comenzaron a realizar las primeras flechas de silex hace 2 millones de años, estamos ante una imposibilidad científica a todas luces, según lo que se estudia en los libros de historia. Pero quizá esos libros obvian dos opciones: la posibilidad de que hubiese una humanidad anterior y quizá los viajes en el tiempo. No podemos más que maravillarnos al imaginar la cara que se le debió poner al bueno de Sir Brewster cuando descubrió aquello… una cara similar a la del Dr. AW Medd, especialista del centro británico de investigación geológica quien en 1985 informó que la piedra que rodeaba al misterioso cuerpo de madera y metal pertenecía a una «edad de piedra arenisca roja inferior» datada con 360 ​​a 408 millones años. Básicamente hablamos del periodo Devónico, cuando los dinosaurios dominaban la tierra, una tierra que era un vergel de vida natural como nunca podríamos imaginar.

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Detalle de la unión entre la madera y el hierro.

Pero lo más extraño es observar el enigma a nivel químico, porque lo normal es encontrarse cualquier tipo de fósil petrificado, formando parte de la propia piedra que lo rodea, en un proceso natural de reacción entre iones de ambos cuerpos. Por ejemplo, en Troo, cerca de Montoire-sur-le-Loir, los visitantes pueden ver una cueva petrificada en la que de hecho, se podría clavar un clavo allí, u otros objetos de madera o metal, y se convertirían en piedra en unos pocos meses, gracias a las reacciones de oxidación, a la humedad, y a una temperatura que favorece el proceso. Pero esto no ha ocurrido en Kingoodie, aquel martillo evitó el proceso de descomposición, como si hubiese estado expuesto continuamente a una energía de radiación electromagnética que hubiera hecho, digamoslo así, de «escudo químico».

Para entendernos, si miramos cualquier barco, vemos oxidación por la acción del aire, el agua, la temperatura y la sal. Lo que se denomina corrosión. Afecta a los metales, como el hierro, aún siendo enterrados por miles de toneladas de tierra. Lo vemos en los barcos, como decíamos o en los yacimientos romanos, en sus metales oxidados con esa característica tonalidad roja. Pero en el martillo de Kingoodie no hay apenas oxidación y aún conserva sus formas, algo volvemos a decir, imposible, pero que está ahí, desafiando lo que entendemos como ciencia y como lógica. Más extraño aún es que las dataciones de carbono 14 realizadas en la Academia de Ciencias Físicas de la Universidad de San Francisco en aquel año 1985 volvían a confirmar la datación mínima de 140 millones de años.

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Una fantástica toma frontal con el martillo.

Podría pensarse que este hecho habría puesto patas arriba a la ciencia, a la moderna geología e incluso a las teorías de la evolución establecidas, pero lo cierto es que lo que llegó suele ser lo que viene siempre que una pieza por perfecta que sea no encaja en un puzle: el silencio. Nadie se atrevió en Estados Unidos a comentar mucho más sobre esto. Las pruebas se revisaron y los protocolos se habían seguido de forma correcta y las fechas eran las que eran, pero el silencio invadió el tema. La cabeza de hierro tenía también un componente de feldespato acumulado de 20 millones de años, lo que confirmaba el enigma y ponía aún más difíciles las cosas a la hora de saber qué pudo ocurrir en ese yacimiento para que aquel único utensilio presentase el aspecto que presentaba.

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La piedra completa en donde se consiguió descubrir el martillo.

Un tema olvidado que rescatamos y analizamos químicamente para que jamás se pierda. Y vosotros ¿qué opináis sobre este hallazgo? ¿Viajeros en el tiempo, una humanidad perdida en los tiempos u otra explicación? Podéis desarrollar vuestras teorías en los comentarios.